Acaba de finalizar la IV edición de Bookcamp – Los límites del libro dentro de esta gran fiesta de la literatura que es Kosmopolis, en Barcelona. En esta entrada expongo una primera conclusión, rápida y general, sobre uno de los temas planteados en esta edición de Bookcamp.

Pero antes quiero agradecer, una vez más, la invitación a participar y felicitar a todo el magnífico grupo que trabaja para que este festival se realice; es un trabajo inmenso el que demanda un evento de esta envergadura.

A pesar de que el asunto solo se abordó de forma explícita de la mano de Pepe Verdes en De la edición intuitiva a la edición analítica basada en el big data, en los demás eventos que asistí, de una u otra forma, emergió y se habló de él: la necesidad de datos, en especial, para conocer a los lectores. «Queremos datos, datos y más datos» parecía el lema subyacente en los eventos.

En la primera mesa que moderé el jueves a la tarde, Nuevos prescriptores: ¿quién dice qué hay que leer?, se plantearon cuestiones como la construcción de públicos y la necesidad de segmentarlo para conocerlo, también sobre el concepto de comunidad y hablar entre iguales. Cómo conocer y acceder al público que lee y al que prescribe, y cómo generar comunidad.

En la siguiente mesa que moderé, Plataformas de lectura en línea, se habló de cómo las plataformas tecnológicas pueden aportar una enorme cantidad de datos a editoriales y autores: cuál es la temática que más se lee, a qué horas se realiza la lectura, en qué punto un lector abandona la lectura, qué párrafos resalta en un libro y un largo e interesante etcétera que supera a los datos demográficos estándares.

Por otro lado, en Startups y editoriales consolidadas. Una colaboración necesaria Blanca Rosa Roca y Santos Palazzi evidenciaron la necesidad que tienen las editoriales de obtener datos de la comercialización de sus libros y de cómo se consumen estos libros, cómo es el comportamiento del lector con estos libros.

Un reclamo por parte de las editoriales a las startups fue que compartan sus datos con ellas (en contraparte, Rosa Sala y Jordi Ingerto interpelaron a que las editoriales les abran las puertas y dediquen atención).

Carmen Ospina, en Nuevos modelos de negocio en la industria editorial, manifestó la importancia, como editorial, de poner al lector activo en el centro de la estrategia de marketing: identificar quiénes son los lectores, realizar estudios de mercado, tener bases de datos grandes bien segmentadas y saber cómo interactuar con estos lectores.

Algunos tuits más y un enlace sobre el tema de esta entrada, en el contexto de Bookcamp – Kosmopolis 2015, que refuerzan mi percepción:

https://twitter.com/silviaclemares/status/579275503128969216

https://twitter.com/silviaclemares/status/578973412321800193

 

El arte del análisis: el uso de más datos para crear valor en el sector de la cultura, artículo de Juan Mateos García en CCCB LAB.

Finalmente, y como cierre de esta entrada, no te pierdas la entrada Los ochenta años de Jorge Herralde o el ocaso de los dioses en Patrulla de Salvación, de la que destaco lo siguiente(*):

Como ya está pasando en los EEUU, siempre por delante en lo referente al mercado cultural, los editores tendrán, a partir de ahora, que hacer lo mismo que hacen otros vendedores de productos de consumo. No hay que escandalizarse ante la palabra “consumo”. Son los trasnochados gurús los que, para mantener su poder, se niegan a tratar el libro como un producto más. Algunos editores, los más espabilados, ya están aprendiendo a segmentar los mercados. Sí, marketing, sí. Uy, qué miedo. Eso, “segmentar”, no es más que conocer en profundidad al cliente. Los buenos editores de mañana tendrán claro qué libro quiere o necesita su lector y no tendrán dudas sobre cuál es el canal de venta que deberán utilizar para hacer llegar su producto a su cliente.

(*) Las negritas son mías.