Integración de procesos en la edición y publicación de libros

Mariana Eguaras febrero 9, 2017 @ 10:20AM

Por el 2 Feb, 2015 | sin comentarios

 

Sostengo que si te dedicas a una profesión o tienes un negocio debes conocer sus pormenores y cada uno de los procesos o trabajos que forman parte de esa profesión o negocio. Lanzarse a navegar sin conocer el barco y el estado del mar es peligroso, casi suicida. El sector del libro no es una excepción y quienes nos dedicamos a la edición y publicación de libros, aunque tengamos más expertise en una labor que en otra, tenemos que conocer los entresijos de cada uno de los procesos intervinientes.

Una particularidad que noté en la primera editorial que trabajé en España —particularidad que luego corroboré en otra— fue que cada uno se ocupaba de su área y prácticamente no tenía injerencia en otra. Es decir, si trabajabas como editora de contenido no podías opinar en el diseño de la publicación porque tu responsabilidad era solo sobre el contenido, o bien trabajabas en el departamento de marketing y no cruzabas información alguna con el departamento de producción.

Esta división tan tajante de áreas y tareas me resultó chocante y desconcertante, ya que mi experiencia en Argentina había sido totalmente distinta. En las editoriales que trabajé y el departamento de publicaciones de un banco —que  es igual que una editorial pero con el alivio de no tener que realizar escandallos ni preocuparse por las ventas— cada uno era responsable de un área, tarea o proceso pero todos los demás integrantes del equipo estaban al tanto del proyecto general. Y cada vez que iniciábamos una nueva publicación hacíamos plenarios de ideas e intercambio de opiniones para recoger impresiones, sugerencias y comentarios útiles para el proyecto.

Desde mi punto de vista y la experiencia acumulada, este último proceder es más efectivo y eficiente que el primero. Por un lado, porque los puntos de vistas de diferentes personas enriquece cualquier proceso y, por otro, se pueden prevenir muchos inconvenientes en el discurrir de cada uno de los procesos que componen la edición y publicación de libros. En este punto, la figura de un coordinador editorial es fundamental.

Este es el método de trabajo que yo empleo con todos los proyectos en los que participo y siempre da resultados satisfactorios: una buena coordinación editorial evita problemas durante en desarrollo del trabajo y en el producto final se refleja la simbiosis de las tareas coordinadas.

A modo ilustrativo, mencionaré tres ejemplos sencillos de contrariedades que pueden evitarse con una buena coordinación de procesos en la edición y publicación de libros.

 

Pictogramas de la tipografía Sabon LT Std1. Tipografías

Un problema que suelo encontrarme en los libros que se publican en varios idiomas consiste en la falta de caracteres (especiales y no tan especiales) de la tipografías seleccionada por el diseñador. Máxime si la obra original está en inglés y debe traducirse para ser publicada en idiomas latinos. Algunas tipografías no incluyen diseños de caracteres con tilde o glifos y este aspecto es un problema, porque el maquetador tiene que recurrir constantemente al uso de pictogramas; peor aún si la publicación se publicará en lenguas eslavas.

Por tanto, si la obra a editar contiene caracteres no propios de un idioma, el diseñador podrá optar por una tipografía completa y así luego el maquetador tendrá facilitada la tarea, sin necesidad de hacer argucias tipográficas para obtener esos caracteres.

Da mucha rabia iniciar la remaquetación de un libro y encontrarse que la tipografía seleccionada no contiene grafías propias del nuevo idioma. No tanto por el trabajo que puede dar, sino por el aumento en las posibilidades de error que esto puede generar, ya que hay que prestar atención carácter ausente por carácter para reemplazarlo por el pictograma o argucia tipográfica correspondiente.

 

2. Espacio en cajas de textos

En la edición de revistas y periódicos es habitual encontrar que los artículos de los periodistas no encajan en el espacio de la maqueta destinado al texto. Puede que sobre texto y haya que recortar o bien que falte y deban agregarse más líneas(*). Esto mismo vale para las traducciones de los libros, no de los que solo contienen texto, pero sí para aquellos más complejos y que por lo general se publican en coedición con otras editoriales.

Esta situación se puede evitar si se realiza un recuento de caracteres (caracteres con espacios [cce] o matrices) y se toma nota de cuántos cce posee cada caja de texto. Se da esta información al redactor o traductor cuando se solicita la redacción o traducción del contenido y con ello se minimiza el problema de excedente o falta de texto.

Algunas veces el exceso o falta de texto para un libro puede resolverse disminuyendo o incrementando el cuerpo de letra y/o el interlineado, pero no siempre estos cambios son permitidos por la editorial.

Una opción es la que mencioné: comunicar la cantidad de matrices que tiene la caja de texto y no excederse. Otra, si el máster de la maqueta tiene cierta flexibilidad, es indicar al profesional un baremo: entre X y X cantidad. La tercera es indicar este baremo e informarle que marque algunos párrafos como opcionales para que luego el editor decida si los incluye o no en función de la composición de la página.

Ejemplo de recuento de caracteres en Indesign para una publicación en dos idiomas

Recuento de caracteres en Indesign: caja de texto en inglés con 620 cce o matrices frente a caja de texto en castellano con 603 cce. Indicación para el redactor o traductor: no más de 650 cce para esta caja de texto.

 

3. Formato de impresión

En el mismo sentido, si se consulta con la imprenta los formatos de libros estándares con los que trabaja habitualmente se puede ahorrar en los costes de impresión y encuadernación. Y esto debe hacerse antes que el diseñador comience a trabajar en el diseño, ya que no tiene sentido que este diseñe considerando un tamaño de página que luego no será la definitiva.

Si se habla con la imprenta luego de haber maquetado el libro y el formato no coincide con el que se ha trabajado la coyuntura es peor: habrá que adaptar toda la maquetación para que encaje en el formato estándar de la imprenta. Esto puede evitarse perfectamente comentándole al impresor nuestro proyecto antes de iniciar la edición de la publicación.

 

En Ortotipografía para diseñadores se plantea algo similar: aunque algunas cuestiones vengan definidas desde la corrección, siempre existe la posibilidad de que se cuele un error. Si el diseñador/maquetador conoce las reglas ortográficas y tipográficas podrá avisar del error detectado o corregirlo directamente.

Considero fundamental, y no solo en mi trabajo con las editoriales y otras empresas, sino también con los autores, que todos conozcamos los procesos necesarios para la edición y publicación de libros o cualquier pieza gráfica. Por ello, cuando trabajo con un autor le explico en qué consiste cada proceso; no solo para que esté al tanto de ellos sino también para que comprenda que cada tarea posee unas dificultades e intríngulis propios.

 

(*) Es cierto que existen softwares que permiten escribir directamente en la plantilla de la maqueta y controlar la extensión del artículo, pero esto solo se lo pueden permitir ciertos medios. Las revistas, periódicos y publicaciones de tiradas no nacionales se continúan produciendo sin estos programas.

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