¿Single source y online publishing, fuera de la realidad?

Ramiro Santa Ana Anguiano diciembre 19, 2016 @ 8:27PM

Por el 19 Dic, 2016 | sin comentarios

 

Para continuar con nuestro receso técnico, quiero hablar sobre el título de esta entrada: ¿Single source y online publishing, fuera de la realidad? Mi principal interés es seguir la discusión de los argumentos aquí propuestos en los comentarios (y espero que esto no merme el deseo de publicarlos).

Como hemos visto a lo largo de diversas entradas, el método que se ha propuesto como el más afín para satisfacer las necesidades editoriales actuales es el single source y online publishing (expresiones que trataremos como una entidad única, y cuyo acrónimo es SSOP).

Por medio de esta metodología se pretende atajar el «problema» que implica la producción de diversos formatos para una misma obra, así como la pérdida de control en la edición al momento de usar una computadora. (Para mayor detalle, lee «Historia de la edición digital»).

Como toda propuesta, esta no está ausente de flaquezas y detractores. Por tanto, me gustaría hacer algunas puntualizaciones y, ojalá, provocar que tú también des tu opinión.

 

1. El single source y online publishing es demasiado técnico para el editor

Cuando se intenta explicar el uso de TeX al medio editorial más de un editor lo considera tecnológicamente complicado. TeX es percibido como no apto para los tiempos y los requerimientos que manejan en sus libros. Algo semejante sucede con el single source y online publishing: a los editores no les parece que sea técnicamente viable, ya que implica un cambio en la manera de editar sus libros.

Mónica Braun, mi colega de Nieve de Chamoy —y quien cuenta con una experiencia editorial que sobrepasa mi edad (¡pero no por mucho!)—, es una de las más severas críticas de este método. Más de una vez ha sido el motivo de discusión para editar y publicar los libros de Nieve de Chamoy. El uso de este método —opina junto con otros— no está al alcance del editor que está habituado (¿mal acostumbrado?) al uso del software que le provee Adobe o Microsoft.

Ellos están en lo correcto. El estado actual de esta metodología no es lo suficientemente madura como para que en el presente reemplace a los procesos tradicionales de producción editorial. A pesar de ello, quienes pueden ya implementar este método empiezan a observar su pertinencia.

Por ejemplo, el primer libro de Nieve de Chamoy, 80 años: las batallas culturales del Fondo, con más de 150.000 palabras, 378 notas al pie y aproximadamente 70 fuentes bibliográficas, nos tomó una semana producirlo en EPUB, y porque lo hicimos a marchas forzadas; dos o hasta tres semanas si hubiéramos tenido el tiempo suficiente.

Actualmente, con el SSOP y con las herramientas que en Perro Triste hemos estado creando y afinando, la producción de este libro nos tomaría solo una jornada de trabajo. No solo eso, la obra tendría una edición más cuidada, un mejor aspecto estético y con salida para diversos formatos. (Actualmente, estamos trabajando en la segunda versión de los libros de Nieve de Chamoy).

Además, se suele olvidar que en los procesos editoriales no solo el editor está involucrado. El editor promedio, por lo general, nunca absorbe todos los procesos y, principalmente, no tiene que hacerlo.

Este método para mantener el control en la edición, sin importar la diversidad de formatos así como para agilizar los tiempos de producción, no necesariamente los tiene que aprender el editor, sino que está orientado a otros perfiles profesionales, como los del diseñador editorial, el tipógrafo o el desarrollador.

 

2. El single source y online publishing no está pensado para los editores

Sí y no. El single source y online publishing tiene su principal enfoque en afrontar una realidad que ha sobrepasado a la edición tradicional: la publicación de diversos formatos con el mismo cuidado y calidad editorial sin que esto aumente proporcionalmente la necesidad de recursos y de tiempo.

Los procesos tradicionales de edición tienden a publicar formatos por ciclos, muy a tono con la estrategia y la capacidad de la imprenta. Y esa manera de trabajar ha sido trasplantada a las recientes necesidades de la publicación digital.

La contradicción está anunciada: ¿por qué se inicia un proceso digital (la edición, el diseño e incluso la impresión se llevan a cabo a través de computadoras) para obtener un producto físico y luego regresar para producir un producto digital?

Como puede observarse, este problema no se origina por el quehacer tradicional del editor. La corrección, la verificación, la inspección, el cuidado ortotipográfico y más, no se ven amenazados por esos procesos subsiguientes. Sin embargo, sí pueden llegar a obstaculizarlos si el editor emplea formatos no adecuados (y que nunca fueron pensados) para el cuidado editorial.

Si hacemos caso omiso a esta posibilidad, efectivamente el single source y online publishing viene para cambiar el paradigma cíclico y, en su lugar, implementar un modelo ramificado. El texto editado es al single source y online publishing lo que el tronco es al árbol. El contenido editado es el elemento madre desde el cual se obtienen diversos formatos y a partir de él se bifurcan distintas ramas; es decir, se obtienen distintos formatos de salida (EPUB, HTML, MOBI, PDF, etc.).

Este proceso se realiza de manera simultánea y con mayor independencia entre una y otra rama. Se evita que esta bifurcación se produzca una vez que un formato ha sido concluido y se elude la herencia de las características (léase errores) del formato previo.

¿Peligro a la pérdida de control? Solo si el editor continúa dándole preferencia al aspecto visual, en lugar de preocuparse por el marcaje semántico del contenido. Además, con un controlador de versiones, como los implementados por los repositorios, siempre es posible regresar a puntos de guardado anteriores, sin necesidad de preocuparnos por el típico respaldo, del respaldo, del respaldo.

En fin, el single source y online publishing si bien se orienta a esta bifucación posterior a la edición habitual, requiere que el editor adopte este enfoque semántico. Por tanto, sí está pensado para su trabajo y, esencialmente, para evitar la reproducción de vicios al momento de trabajar con archivos digitales. De nueva cuenta, Mónica es un buen ejemplo de cómo un editor, al momento que deja el enfoque visual y adopta la perspectiva semántica, mejora el cuidado de su trabajo.

Cuando utilizábamos directamente los archivos del procesador de texto se nos iban muchas horas en limpiar ese formato y etiquetarlo. Pero, principalmente, en ajustarlo, debido a diferentes criterios en la estructura que impactaban en el aspecto visual del texto o, por ejemplo, en revisar que no se hubiera escapado ni una sola itálica en toda la obra.

Ahora Mónica trabaja directamente con Markdown y así se encarga de la cuestión semántica. Esto ha hecho que el tiempo de producción haya disminuido. Una de nuestras últimas obras publicadas, Ukus, con casi 95.000 palabras y apéndices (sin notas al pie o referencias bibliográficas), fue desarrollada en media hora. Ambos dimos el visto bueno a los ajustes en un día: ella no tuvo que revisar palabra por palabra y yo no me vi en la necesidad de preocuparme por tratar de homologar la estructura.

 

3. El single source y online publishing requiere de un esfuerzo corporativo para mayor accesibilidad

Una de las principales debilidades actuales del single source y online publishing —que no vale la pena negar— es que no cuenta con un entorno amigable. Incluso, el SSOP carece de un entorno, ya que por el momento se lleva a cabo a través de varios programas. Y estos, en su mayoría, carecen de un entorno gráfico o, en el mejor de los casos, de un entorno amigable para el usuario general. (Nótese cómo las necesidades editoriales se piensan como necesidades generales).

La mayoría de los usuarios estamos habituados a que con un solo software o con una paquetería (varios programas relacionados unos con otros) se delimite nuestro flujo de trabajo. Partiendo de esto, el single source y online publishing requeriría de algún software o paquetería que ayude al editor a cernirse a esta metodología.

El requerimiento no es disparatado, desde hace mucho tiempo he comentado la linda idea de un Entorno de Edición Integrada (EEI). Este concepto no es original. En el desarrollo de software existen los Entornos de Desarrollo Integrado (IDE, por sus siglas en inglés) los cuales son un conjunto de herramientas bajo un mismo ambiente de trabajo que pretende abarcar todas las necesidades que tiene un programador para llevar a cabo su trabajo. No es, para nada, un entorno «amigable» para el usuario promedio, pero sí es el que un desarrollador necesita.

Entonces, si un Entorno de Edición Integrada es posible (¿EPI, Entorno de Publicación Integrada?), este debería satisfacer la mayoría de las necesidades de los procesos editoriales. Es decir, sería un entorno no solo para el editor, sino también para el diseñador, el tipógrafo y el desarrollador.

Para nada sería, de nueva cuenta, un ambiente «accesible» para el usuario general, pero sí el que la edición necesita. Al final, el software utilizado actualmente para la edición también carece de esa «amigabilidad», hasta el punto donde actualmente hay editores que se niegan a aprender a usar InDesign, por poner un ejemplo.

Una idea semejante ha estado trabajando Adobe a través del dichoso InDesign. No es ningún secreto que este fue pensado para diseñadores editoriales de libros impresos, pero que ahora también el editor lo utiliza y, bajo las necesidades actuales, asimismo pretende ser una plataforma para la publicación digital, ya que permite la exportación a EPUB o crear aplicaciones.

Como muchos hemos experimentado, cuando se trata del trabajo del editor o de la creación de otros formatos, InDesign se queda corto. Este software per se no contempla necesidades de edición como son el cuidado en la uniformidad o el aspecto ortotipográfico.

Además, sin un conocimiento previo de tecnologías web, se obtienen EPUB sin la calidad necesaria (véase De XML a EPUB con InDesign). Ya no digamos de las aplicaciones: sus limitaciones son por demás evidentes en comparación a un desarrollo con tecnologías nativas, híbridas o a través de motores de videojuegos.

Por este gran esfuerzo —necesario para cuajar todo un nuevo método en un solo entorno— varias personas opinan que una inversión corporativa es necesaria. Por ejemplo, Adobe desarrollando un nuevo software para suplir a InDesign en este nuevo panorama (podría decir que no lo dudo, Adobe también es conocido por descontinuar sus productos en aras de continuar en la «vanguardia»). Y solo a través de esta inversión sería posible tener, en relativamente poco tiempo, un «producto» —que ya no «método»— para cumplir satisfactoriamente con las necesidades de la producción editorial.

Sobre el futuro no puedo decir nada. Pero viendo el panorama, es cierto que el desarrollo no corporativo toma más tiempo. Por lo general, es trabajo realizado en horas libres; es menos conocido, porque carece de una infraestructura con poder mediático.

Asimismo, se enfoca en la creación de una diversidad de herramientas en lugar de un entorno que lo englobe todo, debido a que ese «todo» nunca es claro ya que cada usuario utiliza las herramientas según más le convenga y no bajo una idea de aceptación general sobre cómo se tiene que trabajar.

Sin embargo, también es cierto que el trabajo de las comunidades abiertas de desarrollo tiene más vida útil. TeX tiene más de treinta años y el HTML más de veinte. ¿Cuánto duró sino la hegemonía de QuarkXPress? Más flexibilidad de personalización y, claro está, la característica de prescindir de un pago obligatorio para su uso.

Llámenme iluso o soñador, pero si de accesibilidad hablamos, me cuesta mucho trabajo comprender su posibilidad cuando la neutralidad es casi inexistente, cuando es una estructura corporativa la que toma las decisiones.

¿Qué pasará cuando Adobe anuncie la descontinuación de InDesign? ¿Desaprender para aprender a utilizar otro software? La descontinuación no es infrecuente en el desarrollo de software, pero en comunidades abiertas y estables de desarrollo no tienden a cambios abruptos, sino una lenta y continua evolución. Quien aprendió TeX desde los ochenta poco o nada ha tenido que «actualizarse». Quien empezó a usar HTML en los noventa, las nuevas versiones le han dado más posibilidades de desarrollo.

 

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