El editing, un trabajo casi desconocido, pero imprescindible para obtener un manuscrito de calidad.

Si leyendo una novela encuentras situaciones extrañas y te preguntas si debes seguir leyendo, este artículo te interesa, especialmente si tú también escribes.

Te pondré algunos ejemplos.

El personaje principal cambia de nombre de un capítulo a otro.

Un personaje que estaba muerto en el capítulo III, aparece de nuevo, sin justificación, unos capítulos después.

El protagonista actúa como si ya conociera una información que, según el relato, todavía no tiene.

Un personaje sabe algo que debería modificar su comportamiento y, sin embargo, actúa como si no supiera lo que sabe.

Tal vez, reparas en que un personaje que parecía ser muy importante en la historia desaparece durante doscientas páginas y luego, poco antes del final, reaparece y, sí, resulta que era importante. ¿No es un poco raro? O era una ocultación artificial, forzada, o todo el tiempo que pasa desaparecido el personaje tan trascendente era una digresión salvaje.

O ves que un personaje se adelanta al grupo que lo acompaña y se mete en un edificio abandonado. Cuando sale, trae una herida de arma blanca en el vientre. Sangra abundantemente. Nadie en el grupo le pregunta qué le ha pasado. Ni curiosidad ni miedo, solo curar la herida y se van tan tranquilos. Es un poco raro, ¿no?

Podría llenar páginas describiendo casos que me he encontrado en mi trabajo de editor de mesa, pero de eso ya habrá tiempo más adelante.

Lo que vengo a contarte es que todas estas situaciones y otras muchas que pueden darse, y se dan, se evitan con un editing profesional.

Sí, lo sé, en cuanto nos descuidamos, esto se nos pone perdido de anglicismos, pero a veces es tan cómodo.

Pero vayamos poco a poco.

¿Qué es el editing?

En pocas palabras, el editing es un proceso de edición y mejora de un manuscrito. Se puede realizar el editing tanto en textos de ficción como en textos de no ficción.

Obviamente, el proceso varía un poco en función del tipo de texto. En un texto de ficción se analizan, entre otras cosas, los aspectos narrativos y literarios. En un texto de no ficción se analizan, entre otras cosas, distintos aspectos de los argumentos y su exposición.

¿Quién hace el editing?

El editing es una tarea delicada y compleja. Requiere no solo conocimientos teóricos, sino también prácticos de técnicas narrativas y recursos literarios. Además, claro está, es precisa una visión de conjunto que permita valorar de forma global tanto el relato como sus componentes y la relación que entre ellos debe darse.

En el mundo editorial, a la persona que realiza esta tarea se la conoce como editor de contenidos o editor de mesa. (Si dos te parecen muchos tipos de editores, tal vez deberías leer este artículo en el que explicamos los demás tipos de editores que existen).

Para quien no lo sepa, no hay que confundir este concepto, «editor de mesa», con el de «editor». Las responsabilidades del editor de mesa terminan en la novela, en la mejor versión posible de la novela. Las del editor pueden ser múltiples y variadas, y tanto más lo serán cuanto mayor sea el sello para el que trabaja.

¿Cuándo se hace el editing?

Si no lo sabías, ya habrás deducido que el editing ha de abordarse una vez que el autor ha llegado a la conclusión de que tiene una versión definitiva de su manuscrito. Hay quien lo decide nada más escribir la palabra «fin», pero lo recomendable es dejar un tiempo de reposo y leer de nuevo la obra antes de dar el siguiente paso.

En cualquier caso, el editing debe abordarse antes de enviar el texto a una editorial o antes de autopublicarlo, y siempre antes de la preceptiva corrección ortotipográfica y de estilo.

Pero yo escribo muy bien, ¿por qué necesita mi novela un editing?

Esta es una idea muy extendida entre quienes escriben. Lo que ocurre es que no solemos ser conscientes de nuestros errores hasta que alguien nos los hace ver.

Es posible que nuestra prima, que es profesora de Lengua, o nuestro cuñado, que es un ávido lector, o un conocido que una vez publicó un libro, nos hayan dicho que escribimos muy bien. Y a veces es el propio autor quien se lo dice a sí mismo (esto es lo más habitual). Y puede ser cierto, pero eso no significa que la novela tenga todo lo necesario para ser una gran novela.

Desde ese prisma, si lo que ha escrito está destinado a sí mismo, ¡bravo!, ya alcanzó el éxito, ya triunfó. Pero comoquiera que solemos escribir para otros, para que nos lean, parece más razonable seguir opiniones profesionales que opiniones cercanas que difícilmente pueden pasar de ser bienintencionadas. Ni ser profesora de Lengua, catedrática de Filología o un ávido lector o haber publicado un libro capacita a nadie tanto como sumar a los conocimientos la experiencia de haber editado cientos de novelas.

No es muy agradable para el autor cuando es un lector quien le hace ver que su novela tiene agujeros por todas partes. Es mucho mejor que los detecte un profesional para que el autor pueda, si es el caso y si es viable, arreglarlos o, en el peor de los casos, atenuarlos antes de presentárselos al lector.

Con todo, si resulta que tu novela no puede mejorarse, la inversión habrá valido la pena igualmente. Una obra inmejorable es lo que cualquier editor inteligente está buscando para publicar. Y saberlo le da al autor la tranquilidad de que solo es cuestión de tiempo dar con el editor que también sepa verlo.

¿Qué aspectos del manuscrito se revisan en el proceso?

Tanto en textos de ficción como en los de no ficción, la respuesta corta es todos.

Para los textos de ficción, la respuesta larga, e incompleta, por supuesto, es que principalmente se revisa:

  • el arco evolutivo de los personajes principales;
  • la consistencia y el interés de la trama;
  • los errores de racord;
  • la intensidad y la visibilidad del conflicto narrativo;
  • el desempeño y la solidez del narrador;
  • el registro lingüístico de unos y otros (los personajes y, claro está, el narrador, que para eso es un personaje más);
  • la división en capítulos;
  • el ritmo narrativo;
  • la lógica secuencial del relato;
  • la excelencia de los diálogos;
  • la coherencia del texto con el género o los géneros en los que el autor ha planeado que se desarrolle la acción;
  • el empleo de recursos narrativos y literarios;
  • la idoneidad del título;

Para los textos de no ficción, la respuesta larga y también incompleta es que se revisa:

  • el orden ideal de los argumentos que se presentan;
  • la coherencia entre las distintas exposiciones;
  • el interés del tema, del enfoque y del desarrollo;
  • posibles carencias, incoherencias o ambigüedades en los razonamientos;
  • la división del contenido en capítulos, apartados, secciones;
  • la expresión clara e inequívoca de las ideas;
  • el ritmo de la exposición;
  • el nivel de profundidad de las distintas ideas que se exponen;
  • el nivel de profundización en los distintos argumentos para evitar que se mezclen enfoques muy superficiales con desarrollos muy profundos, complejos o extensos;
  • la idoneidad del título;

¿Cómo es el procedimiento?

En ambos casos, ficción y no ficción, al contrario de lo que les pueda parecer a algunos, el proceso solo se puede llevar a cabo en colaboración con el autor del texto.

El autor deberá revisar las distintas remesas de sugerencias que le llegarán después de sendas lecturas críticas y analíticas y valorar si las aplica y de qué modo.

El resultado de aplicar unas u otras sugerencias dará lugar a una nueva versión del texto. El editor de mesa deberá leer la nueva versión para evaluar el impacto de los cambios tanto en el contexto como en el conjunto del relato.

Las sugerencias pueden ser tan solo ideas para aproximar al autor a una solución o pueden ser incluso literales que el autor podrá utilizar tal cual o reformular con su estilo.

Este proceso se repite tantas veces como sea preciso hasta conseguir la mejor versión posible de la novela.

¿El editing puede acabar en reescritura?

No debería. De hecho, es poco probable, por no decir del todo improbable, que el editing acabe en reescritura.

Si el manuscrito ya lo tiene el editor, solo se abordará la tarea si se considera que la novela, con más o menos pequeñas mejoras, es potencialmente un buen producto para el lector.

Si el autor encarga el editing a un editor de mesa independiente, lo normal es que se haga una primera lectura del manuscrito. De esa lectura se puede esperar una valoración que determine la dimensión del trabajo.

Si la novela tiene tantas carencias o defectos que lo mejor sería reescribirla, el editor de mesa independiente debe hacérselo saber y ver al autor con los correspondientes argumentos y justificaciones. Con esa información, el autor deberá tomar la decisión que crea conveniente respecto de la inversión que supone acometer el resto del trabajo de análisis.

En cualquier caso, el autor debe ser consciente de lo que supone el editing incluso cuando no supone la reescritura. Siempre surgirán cosas que no desearía cambiar porque le parecen ocurrencias geniales, porque le han costado mucho esfuerzo o porque las considera imprescindibles. La mirada del autor, a pesar de ser quien conoce mejor que nadie su obra, no deja de ser la mirada de un progenitor, con toda la carga de subjetividad que eso supone.

Aun así, introducir cambios en cualquier aspecto de la novela podría no dar el resultado soñado por el autor. La anchura y la flexibilidad de miras son cruciales en ese punto del proceso.

Manos haciendo anotaciones a un manuscrito impreso

Casos reales (o no)

Te contaré algunos casos de proyectos reales (o no) en los que he participado como editor de mesa. Me disculparás si no doy nombres ni títulos, la confidencialidad es la seña de identidad de toda persona honesta que trabaje en el mundo editorial.

Caso real n.º 1 – La foto del sospechoso

Imagina que has escrito un relato en el que un personaje (A), avanzada ya la narración, debe reconocer a otro (B) que aún no conoce. Que lo conozca más adelante resultará decisivo para que el desenlace de la historia funcione como se esperaba.

En el relato, el personaje A se cruza con una foto de B cuando todavía no sabe quién es, pero de todos modos se la guarda en el bolsillo de la americana. Lo hace sin saber por qué lo hace, lo cual es un fallo garrafal. Ah, se me olvidaba, el tipo se la guarda en el bolsillo con el marco y todo. La pretensión del autor era que cuando se cruzara con B, A sacara del bolsillo la foto (¡con marco y todo!) y la comparase con el rostro de B.

El autor buscó una justificación sencilla, demasiado sencilla, tanto que no resultaba creíble, sino demasiado casual y conveniente, además de forzadísima.

Yo solo podía imaginarme a A intentando, pero no consiguiendo, sacar la foto (¡con marco y todo!) del bolsillo de la americana, mientras B pasaba de largo y perdía toda oportunidad de reconocerlo. Reconozco que sufrí mucho por A hasta que encontramos la solución.

¿Cómo se resolvió ese desaguisado?

Bien, teniendo en cuenta que no se podía armar una escena previa que diera pie a justificar otras acciones, se eligió una solución sencilla y creíble. El personaje A, cuando se cruzó con el personaje B, lo recordaba de haberlo visto en alguna parte. El personaje A tenía buena memoria para los rostros. Solo hubo que generar el texto suficiente para que esa asociación de foto y personaje no se diera como por arte de magia.

Caso real n.º 2 – Ese dato misterioso del que usted me habla

Imagina que armas y desarrollas una novela con muchos personajes. Has investigado mucho la época en la que has ubicado el relato. Te has documentado sobre los escenarios reales en los que transcurre la acción. Has pensado una trama que se sustenta sobre una pieza clave. Una pieza que es como la última pieza que se saca en el juego del jenga antes de venirse abajo.

Bien, ahora imagina que esa pieza clave sin la que no se puede entender la trama es un dato concreto, una información específica.

Imagina que has hecho todo lo imaginable y hasta lo inimaginable, si es que eso es imaginable, para ocultar ese dato al lector. Cortaste por lo sano una escena en la que lo más lógico era darlo a conocer. Empleaste todo tipo de trucos sucios para retrasar ese momento. Hiciste que personajes que hasta ese momento parecían sólidos y creíbles queden horriblemente desfigurados ante los lectores por no emplear esa información. Pusiste en peligro la trama y, con ella, toda la novela, con tal de no dar el maldito dato… Y todo esto lo has hecho porque pensabas que la mejor idea era dar a conocer ese dato al final de la novela, concretamente, en la última página. La sorpresa no será para el lector, sino que un solo lector aguante hasta la última página.

Si has podido imaginar todo esto, te invito ahora a imaginar que esa novela hubiera llegado al público en ese estado. ¿Qué crees que hubiera pensado el lector, suponiendo que alguno hubiera soportado la sucesión de engaños y tretas, al llegar a la última página? ¿Crees que es justo para ese lector que el autor no se haya esforzado un poco más en el desarrollo de su trama?

¿Cómo se solucionó esta situación?

No hace falta decir que este es un caso más complejo que el anterior. No había una solución fácil sin cambiar más cosas de las que probablemente la autora había planeado.

La solución más fácil, o al menos la más rápida e indolora, hubiera sido replantear la trama de manera que no se basara en ese dato misterioso o que ese dato no fuera tan vital. Pero resulta que la trama perdía todo el sentido si esa información se daba al lector desde un principio, ya que los personajes actuaban como si no conocieran ese dato.

En otras palabras, esa solución más fácil, rápida e indolora sería la reescritura de la novela.

Otras soluciones que se plantearon obligaron a introducir pequeños cambios aquí y allá, a crear escenas nuevas, a eliminar otras que resultaban comprometedoras… En otras palabras, se aplicó la solución de parchear, que siempre comporta riesgos. Algunos de esos riesgos son el de la diferencia de registro lingüístico (la escritura y la reescritura pueden tener lugar en momentos muy distintos de la evolución de un autor) o el del cambio de ritmo. Y eso sin contar con la alta probabilidad de crear errores de racord.

A veces no parece haber una solución ideal, pero siempre es posible encontrar una solución mejor que otra. Por eso es importante hacer una evaluación honesta y con visión de conjunto de la obra, para determinar el mejor consejo posible para el autor.

Caso real n.º 3 – Novela o guía de viajes

Hay ocasiones en las que el autor se entrega tan a fondo en la fase de investigación de los escenarios de su novela que reúne una ingente cantidad de información. Reúne una colección interminable de datos históricos, anécdotas, curiosidades y un montón de detalles de todo tipo.

Eso no es un problema, claro, pero sí que puede serlo si no se pone freno a la transferencia de información entre la fase de investigación y la fase de redacción. A veces es lo orgulloso que está uno de todo cuanto ha descubierto investigando. A veces es que uno no sabe por dónde cortar, qué contar y qué no. ¿Cómo va a dejar de contar aquello tan interesante que aprendió, por más que no tenga que ver con la trama?

Ya vas viendo el problema, ¿verdad?

Es comprensible que un autor no sepa con certeza cuánto sabrá el lector si solo le cuenta una parte de todo lo que él ha atesorado durante la investigación. Tampoco sabrá, claro, en qué medida puede afectar eso a la comprensión y el disfrute de su relato.

Si dejas que tu novela pueda confundirse con una guía de viajes, hay un problema que es preciso solucionar.

Y encontrar una solución no es tampoco muy difícil, lo verdaderamente difícil es que el autor sepa primero y acepte después que existe ese problema. Dimensionarlo en su justa medida ya es otro cantar. Pero para una cosa y la otra, el autor siempre puede contar con la ayuda de un editor de mesa profesional.

¿La solución?

En este caso, la solución fue fácil: cortar todo aquello que no sumaba. Porque así es como funciona, en narrativa, todo lo que no suma resta.

Caso real n.º 4 – Uno que llegó a las pantallas

Dicho en singular, no parece tan grave, pero, desafortunadamente, muchos textos acaban convirtiéndose en productos audiovisuales sin antes pasar por la experiencia de un editor de mesa profesional. Puede haber distintas razones que expliquen ese fenómeno, pero aquí nos ceñiremos a hablar desde el enfoque de la narrativa.

Antes de nada, debo decir que este caso también es real, pero no pertenece a ningún proyecto en el que yo haya trabajado.

¿Conoces esas telenovelas antiguas en las que después de tropecientos capítulos en los que no han faltado cosas raras o poco justificables, todo se arregla al final sacando de la chistera a un hermano gemelo del protagonista?

Pues ni tan estereotípico ni tan antiguo. En una plataforma de streaming muy conocida hay una adaptación de una novela. Ya mediado el último episodio, uno ve que el protagonista está en dos sitios simultáneamente. Pero ¿cómo es eso posible? Pues, porque el tipo tenía un hermano gemelo del que no se había dicho nada hasta ese momento. Ni siquiera se había tomado la molestia el autor de dejar ni la más pequeña e insignificante pista para que el lector dedujera por sus medios su existencia.

Esconder de ese modo las piezas claves para la comprensión de la historia es un juego sucio al que recurren los autores más vagos o menos imaginativos.

¡Cuánto más habría ganado esa historia si antes de su publicación hubiera pasado por las manos y los ojos de un editor de mesa!

Cuando el autor no trabaja lo suficiente, es el lector quien debe hacer su trabajo.

Si tienes una novela que te gustaría publicar, pero tienes dudas sobre sus posibilidades, empecemos por analizarla y valorar en qué medida podría ayudarte completar el editing.

¿Qué hacer en un caso así?

Como mínimo, dejar una o dos pistas a lo largo del relato que hagan pensar al lector en que falta algo por descubrir.

Para cumplir ese objetivo, una pista habría sido que el personaje repentinamente gemelizado hubiera notado algo extraño en su casa, en su vida, incluso en sus cosas llegado el caso.

Caso real n.º 5 – Ensayo y error, un caso de no ficción

Si en los textos de ficción es frecuente encontrar margen de mejora como para hacer un editing en profundidad, en un texto de no ficción no es menos raro.

Incluso los autores más versados y veteranos pueden generar textos que presenten un margen de mejora suficiente como para que la inversión en un editing profesional sea razonable. No digamos ya si el autor aborda un tema del que no es experto. La afición a un tema es importante, pero, reconozcámoslo, no es suficiente garantía para producir un buen texto, ni siquiera un texto interesante.

Textos de no ficción hay de muchos tipos, pero entre los más corrientes están el ensayo y el académico, además del relato biográfico.

He trabajado en muchos proyectos de no ficción, pero recuerdo uno en particular en el que la autora había compuesto un collage de textos tomados de aquí y de allá. Quiso escribir un ensayo y erró.

El original que presentó en un primer momento tendría no más de una tercera parte de redacción propia. El resto eran textos copiados y pegados en su libro. Ella estaba convencida de que era su libro. Y, con todo, lo peor no es esa práctica censurable, lo peor era que algunos de esos textos ajenos estaban tomados de la Wikipedia. Ojo, no como referencias, que ya sería grave por poco serio, sino literalmente.

Con la mano izquierda que le es exigible a un editor de mesa, la convencí para que viera la realidad como la veíamos el resto de los humanos.

¿Cómo se resolvió esta situación?

Dividimos su libro en dos partes. De un lado, lo que sí había escrito ella. De otro, lo que tomó prestado.

Tomamos como punto de partida lo que sí había escrito ella. Por otra parte, trabajamos con las ideas, argumentos y exposiciones que le atrajeron de los textos ajenos. La autora se inspiró en ellos para formular con sus propias palabras su planteamiento y su opinión sobre el asunto en cuestión.

Con el material de partida y el que generó después, ya todo el mundo podía hablar de su libro.

Conclusión

Como ves, si tienes un texto terminado, ya de ficción, ya de no ficción, debes saber que un editing puede llevar tu obra al siguiente nivel. Un nivel, por cierto, que ya se encuentra mucho más cerca de los intereses de una editorial.

Si es tu caso, no lo dudes, contáctanos y hablemos de la manera en que podríamos ayudarte a mejorar tu manuscrito. Te responderemos con una propuesta de trabajo para que valores nuestra participación en tu proyecto.

* Víctor J. Sanz es escritor, editor de mesa y corrector profesional.


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