Quien decide escribir un libro suele partir de un conjunto amplio de ideas: temas que le interesan, experiencias que desea compartir, conceptos que considera importantes o materiales que ha reunido a lo largo del tiempo.
El problema aparece cuando llega el momento de convertir todo eso en un proyecto editorial concreto. No basta con tener muchas ideas para escribir un libro; antes de comenzar a redactar la obra es necesario organizarlas.
En este punto muchos autores intentan resolver la cuestión directamente con un índice. Sin embargo, elaborar un índice demasiado pronto puede resultar prematuro. Antes de decidir qué capítulos tendrá el libro, podemos examinar cómo se relacionan entre sí los distintos temas que el autor quiere abordar y qué papel desempeña cada uno dentro del conjunto.
A partir de esa representación es más fácil delimitar el campo temático, agrupar los contenidos en bloques y preparar el índice que guiará la escritura.
En las siguientes líneas veremos seis momentos en los que distintos recursos pueden ayudar a organizar el contenido de una obra antes de empezar a escribirla. Cada uno responde a una decisión distinta que el autor debe tomar durante la preparación de su obra.
Reconocer el tema de la obra y las ideas que se relacionan con él
Cuando un autor empieza a trabajar en una obra suele encontrarse con varias líneas posibles de desarrollo: asuntos que le interesan, preguntas que desea explorar, reflexiones que ha ido elaborando con el tiempo o experiencias que considera valiosas para desarrollar en un texto.
Ese punto de partida es frecuente, pero todavía no permite identificar el tema central de la obra. Antes de pensar en capítulos o en un posible índice conviene resolver una cuestión previa: de qué trata realmente la obra y qué ideas pertenecen a ese tema.
En las primeras fases de trabajo muchas ideas parecen igualmente importantes. Sin embargo, una obra no se compone de una lista de temas colocados uno tras otro. Existe un tema principal y, a su alrededor, aparecen ideas que lo desarrollan, lo matizan o lo ilustran. Reconocer esa relación es el primer paso para organizar el contenido.
Para examinar esta relación podemos recurrir a una representación visual sencilla que permita observar el conjunto con cierta distancia. El mapa conceptual es un recurso útil para realizar este ejercicio: el tema se sitúa en el centro y alrededor se disponen las ideas que se relacionan con él. De este modo se aprecia qué asuntos pertenecen realmente al núcleo de la obra y cuáles quedan más alejados.
Caso práctico
Imaginemos a un autor que desea escribir una obra sobre el trabajo autónomo o freelance. Entre las ideas para escribir un libro que ha ido anotando aparecen las siguientes cuestiones:
- la gestión del tiempo,
- la relación con los clientes,
- la fijación de honorarios,
- la organización del trabajo,
- la incertidumbre económica,
- el aprendizaje continuo.
Todos estos asuntos pertenecen al mismo ámbito profesional, pero no necesariamente desempeñan el mismo papel dentro de la obra.
Este mapa conceptual, creado en Canva, permite ver cómo las ideas sobre el trabajo autónomo se organizan en distintos ámbitos del tema.
Este primer ejercicio permite transformar un conjunto inicial de ideas para escribir un libro en un planteamiento más definido. A partir de ese momento el autor puede abordar otras decisiones necesarias para desarrollar la obra: delimitar con precisión el campo temático y agrupar las ideas en bloques que más adelante podrán convertirse en capítulos.
Delimitar el campo temático de la obra
Una vez reconocido el tema de la obra y las ideas que se relacionan con él, aparece una segunda tarea decisiva: delimitar el campo temático que la obra abordará. Muchas materias admiten numerosos desarrollos posibles. Precisar cuál de ellos formará parte de la obra permite evitar desplazamientos innecesarios y concentrar el trabajo en un territorio bien definido.
Esta delimitación exige formular el tema con mayor precisión. Una expresión amplia —por ejemplo, la alimentación saludable, la educación digital o la vida en la ciudad— abarca asuntos muy distintos. Para redactar una obra resulta más útil determinar qué aspecto de ese asunto se desarrollará y desde qué perspectiva se abordará.
En este punto resulta especialmente útil trabajar con una batería de preguntas que obliguen a definir el proyecto con mayor exactitud. Estas preguntas permiten precisar el campo temático y distinguir qué cuestiones pertenecen realmente a la obra.
Preguntas que ayudan a definir el campo temático de la obra
- ¿Cuál es el asunto central que la obra desea desarrollar?
- ¿Desde qué perspectiva se abordará ese tema?
- ¿Qué aspectos del tema forman parte directa del contenido?
- ¿Qué cuestiones, aun relacionadas, pertenecen a otro enfoque?
- ¿Qué preguntas desea responder la obra?
- ¿Qué experiencia o conocimiento aporta el autor sobre este asunto?
- ¿Dónde conviene situar los límites del tema para mantener su coherencia?
- ¿Qué asuntos resultan interesantes, pero no forman parte de esta obra?
- ¿Cómo se desarrollará el recorrido del lector a lo largo del tema?
- ¿En qué puntos del contenido conviene detenerse con mayor profundidad?
- ¿Qué ejemplos o situaciones ayudarán a comprender mejor el tema?
- ¿Qué elementos pertenecen al contexto y cuáles al núcleo del contenido?
Estas preguntas permiten precisar el campo temático y distinguir qué cuestiones pertenecen realmente a la obra.
Caso práctico
Pensemos en una autora interesada en escribir sobre la vida en la ciudad. Bajo esta expresión caben enfoques muy diferentes: historia urbana, movilidad, arquitectura, convivencia en barrios densos o transformación del espacio público.
Las preguntas anteriores ayudan a precisar el enfoque de la obra. La autora puede descubrir que su interés principal se centra en cómo cambia la vida cotidiana cuando una ciudad crece y se densifica.
A partir de esa definición, algunos asuntos pasan a ocupar un lugar central —la movilidad, la vivienda, el uso del espacio público—, mientras que otros quedan fuera del proyecto o se reservan para otro desarrollo.
Este paso permite trabajar con un tema claramente definido. A partir de ahí resulta más sencillo agrupar las ideas que pertenecen al mismo ámbito, tarea que conducirá al siguiente momento del proceso.
Agrupar las ideas que pertenecen al mismo ámbito
Una vez delimitado el campo temático de la obra, el siguiente paso consiste en reunir las ideas que desarrollan el mismo aspecto del tema. Este trabajo permite reconocer los primeros bloques de contenido. Algunas ideas se concentran alrededor de un mismo asunto y reúnen material suficiente para convertirse en un capítulo; otras se integrarán en apartados más breves.
Para realizar este ejercicio es práctico emplear un procedimiento muy simple: anotar cada idea de forma independiente y comenzar a agruparlas según su afinidad temática. Este método puede hacerse con tarjetas, notas adhesivas, fichas o cualquier sistema que permita mover las ideas con facilidad.
De este modo, el autor abandona la secuencia lineal del pensamiento. Las ideas se disponen sobre una superficie de trabajo donde pueden acercarse, separarse o reorganizarse según su relación temática. Esta disposición permite percibir con mayor claridad las conexiones que existen entre ellas.
Caso práctico
Imaginemos a una autora que prepara una obra sobre la experiencia de leer. Entre sus notas aparecen asuntos como la lectura en la infancia, la relectura de ciertos libros, la influencia de algunos autores, la lectura digital, la formación de una biblioteca personal, la lectura en la universidad y la relación entre lectura y pensamiento crítico.
En una primera revisión estas ideas no muestran una organización evidente. Algunas parecen referirse a etapas de la vida, otras a prácticas de lectura y otras a efectos intelectuales de los libros. El problema consiste precisamente en determinar cómo se relacionan entre sí.
Cuando la autora escribe cada idea en una nota independiente y empieza a moverlas sobre una superficie de trabajo, aparecen agrupaciones que antes no resultaban visibles. Algunas notas se reúnen alrededor de la formación del lector en distintas etapas de la vida; otras se relacionan con las prácticas de lectura; y otras con la influencia de ciertos libros en el pensamiento.
El procedimiento no impone una estructura desde el principio. Lo que hace es permitir que las relaciones entre las ideas se vuelvan visibles. A partir de esas agrupaciones comienzan a definirse los primeros bloques de contenido de la obra.
Las notas adhesivas permiten mover y reagrupar ideas hasta identificar los primeros bloques de contenido.
Este trabajo prepara el paso siguiente: ordenar esos bloques dentro de una estructura jerárquica, que permitirá construir el índice del libro.
Convertir los bloques de contenido en una estructura del libro
Una vez identificados los bloques de contenido que reúnen ideas del mismo ámbito, el siguiente paso consiste en ordenarlos dentro de una estructura reconocible para el lector. Hasta este momento el autor ha trabajado con agrupaciones temáticas; ahora comienza a definir cómo se organizará el recorrido de la obra.
Este trabajo exige establecer relaciones jerárquicas entre los bloques de contenido. Algunos ocuparán un lugar central dentro de la obra; otros funcionarán como desarrollos secundarios; otros quedarán integrados dentro de capítulos más amplios.
Para efectuar este paso podemos recurrir a un esquema jerárquico. Este tipo de esquema permite disponer los bloques de contenido en distintos niveles: partes, capítulos y apartados. De este modo el autor puede observar cómo se distribuye el material dentro de la obra y qué papel desempeña cada bloque.
Caso práctico
Imaginemos a un autor que trabaja en una obra sobre la historia cultural del café. Después de agrupar sus ideas ha identificado varios bloques de contenido:
- origen del café,
- expansión geográfica del cultivo,
- aparición de los cafés como espacios sociales,
- prácticas culturales asociadas al consumo,
- presencia del café en la literatura y el arte.
Estos bloques todavía no constituyen el índice del libro, sino que representan ámbitos del tema que reúnen ideas relacionadas. El paso siguiente consiste en organizarlos dentro de una estructura jerárquica que permita construir el recorrido de la obra.
Un primer esquema podría ser:
Parte I. El café y su expansión histórica
Capítulo 1. Los primeros usos del café en el mundo árabe.
Capítulo 2. Las rutas comerciales del café.
Capítulo 3. La llegada del café a Europa.
Capítulo 4. El cultivo del café en América y Asia.
Parte II. Los cafés como espacios sociales
Capítulo 5. El nacimiento de los cafés en las ciudades europeas.
Capítulo 6. Conversación, política y vida intelectual en los cafés.
Capítulo 7. El café en la vida cotidiana.
Parte III. Cultura y representaciones del café
Capítulo 8. Rituales y prácticas sociales en torno al café.
Capítulo 9. El café en la literatura.
Capítulo 10. El café en la pintura y la fotografía.
Este esquema permite observar cómo se distribuye el contenido dentro del libro y si el orden de los capítulos resulta coherente. Y, mediante este ejercicio, el autor dispone por primera vez de una arquitectura reconocible de la obra. A partir de este momento el índice deja de ser una lista provisional y comienza a reflejar la organización real del contenido.
Examinar el equilibrio del contenido
Una vez que la obra dispone de una estructura provisional —con partes, capítulos y apartados—, examinamos el equilibrio del conjunto.
Este paso permite observar si el desarrollo del tema mantiene una proporción razonable entre sus distintas partes y si las ideas para escribir un libro han encontrado un lugar coherente dentro de la obra.
Algunos capítulos reúnen demasiadas ideas y tienden a crecer de forma desproporcionada. Otros contienen un desarrollo demasiado breve o dependen en exceso de otro capítulo. También puede ocurrir que un asunto relevante quede tratado de manera demasiado superficial.
Para analizar estas cuestiones podemos representar la estructura del libro de forma esquemática, de modo que cada capítulo o bloque de contenido pueda observarse dentro del conjunto. Una tabla sencilla o un diagrama permiten visualizar la distribución del material y comparar la extensión relativa de cada parte.
Caso práctico
Siguiendo con el ejemplo del café, el autor ya dispone de una estructura provisional con varias partes y capítulos. En este momento revisamos el conjunto para comprobar cómo se distribuye realmente el contenido de la obra.
Podemos reunir la información de cada capítulo en una tabla de revisión de la estructura. Esta tabla permite observar de un vistazo qué tema desarrolla cada capítulo, qué ideas principales contiene y qué función cumple dentro del libro.
Esta tabla de revisión de la estructura de una obra sobre la cultura del café permite comparar capítulos y valorar el equilibrio de los contenidos dentro de la obra.
Cuando el autor reúne esta información en una tabla puede observar con mayor facilidad cómo se distribuye el contenido dentro de la obra.
En el ejemplo se aprecia que los capítulos de la primera parte concentran una extensión mayor y desarrollan el recorrido histórico del café, mientras que los capítulos de la tercera parte resultan más breves y se apoyan en mayor medida en material visual.
Esta revisión permite al autor valorar si el equilibrio entre las partes responde al propósito del libro o si conviene ajustar la proporción entre capítulos antes de comenzar la redacción completa.
Otros aspectos que intervienen en la organización de ideas para escribir un libro
La organización de las ideas constituye uno de los primeros pasos que permiten transformar una intención de escritura en un proyecto editorial. Sin embargo, no es el único aspecto que interviene en ese proceso.
Junto a las decisiones analizadas a lo largo de este artículo, cada autor suele abordar también otros aspectos que forman parte de la preparación del libro, entre ellos:
- Identificar la documentación necesaria para cada parte de la obra, lo que incluye determinar qué materiales del propio autor formarán parte del libro: notas, archivos, ejemplos, entrevistas o experiencias que servirán para desarrollar determinados capítulos.
- Reunir las referencias bibliográficas y otras fuentes, que permitirán ampliar o fundamentar algunos aspectos del tema tratado.
- Prever el uso de material gráfico o documental, como imágenes, tablas, documentos o ilustraciones que acompañarán el texto y formarán parte del contenido del libro.
- Establecer un plan de trabajo para la escritura, que permita transformar la estructura de la obra en un proceso de redacción de los capítulos.
- Organizar el archivo de trabajo del proyecto, donde se reunirán notas, documentos, lecturas y materiales que el autor utilizará durante la escritura.
- Prever la inclusión de material complementario, como anexos, cronologías, glosarios o documentos que acompañen el desarrollo de la obra.
Los recursos que se han mencionado a lo largo del artículo no constituyen pasos rígidos ni se aplican de forma aislada. En la preparación de una obra suelen aparecer combinados y adaptados al modo de trabajo de cada autor o editor.
Su utilidad reside en que permiten examinar las ideas desde distintos ángulos y trabajar con ellas antes de empezar la redacción de los contenidos. De este modo, un conjunto inicial de temas puede transformarse en una organización del contenido que sirva de base para desarrollar la obra.
¿En qué punto del proceso se encuentran hoy tus ideas para escribir un libro? Te leo en los comentarios.