Si has llegado hasta aquí ha sido por algunas entradas que había publicado, pero, para evitar apercibimientos legales por calumnias e injurias, lo he eliminado.

También porque no quiero que las personas que dejaron comentarios en esa entrada se vean perjudicadas.

Solo dejo el texto donde no se menciona a nadie de forma específica y confío en que la libertad de expresión y de prensa se impongan.

Gracias a todos y a cada uno por el apoyo y los ánimos recibidos.

Quien visita este blog asiduamente, o de vez en cuando, sabe que algunas entradas de este blog las he dedicado a las editoriales de autoedición o coedición. Y, sobre todo, a dar a conocer algunas prácticas supuestamente poco claras que algunas de ellas supuestamente aplican para supuestamente captar clientes.

Sí, todo supuestamente, por las dudas, y lo de las prácticas supuestamente poco claras, más disconformidades varias, no las digo yo, sino que me lo dicen autores que han publicado supuestamente con estas empresas y, yo he hecho las veces de portavoz de esas quejas.

Pues he decidido dejar de hacerlo, por varios motivos:

El primero y principal es que esta no es mi guerra, ni siquiera es mi batalla, pero soy quien recibe las bofetadas. Y a la hora de «poner las barbas en remojo» —entiéndase, efectuar una acción seria y judicial— los autores que dejan comentarios y despotrican por las redes, blogs y foros recurren a la mudez o al “yo no fui”. Don Quijote se peleaba con los molinos de viento; yo no, paso, tengo cosas más interesantes que hacer.

Otro motivo, y una de las cosas interesantes, además de placenteras, para hacer, es trabajar con y para los autores que me contratan, y hacerlo de tal modo que se sientan satisfechos con los servicios que brindamos en la consultoría. Con ellos sí estaré dispuesta a compartir información, que para eso son clientes y confían en mi tabajo.

Un motivo más es que no quiero emplear tiempo y energías lidiando con este tipo de empresas por contenidos vertidos en este blog. Confieso que mi abogado me ha aconsejado otras acciones, pero ¿vale la pena que invierta parte de mi tiempo en llevarlas a cabo? ¿Me sale a cuenta gastar energías en esto? Evidentemente, no.

Tengo proyectos en marcha y prefiero dedicarme a ellos antes que a pugnar con este tipo de amenazas. Por cierto, no es la primera que recibo: otra editorial de autoedición lo hizo ya hace tiempo, aunque sin abogado de por medio.

Escribiré al menos una entrada más, sobre la diferencia entre una editorial y una empresa que publica libros; porque ya la tengo escrita y casi acabada. Además, la información sin dar nombres no puede coartarse.

Como he dicho, esta no es mi batalla, ni siquiera representan una competencia para mi negocio. Resumo la idea con un dicho muy sabio del campo argentino: no vale la pena «gastar pólvora en chimangos»; es decir, no quiero gastar mi tiempo en algo que considero ya no vale la pena. Muchos menos quiero gastar dinero en temas judiciales.

(…)

Quiero creer que la libertad de expresión aún continúa siendo un derecho fundamental del ser humano e independiente de desavenencia de opiniones.

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