El proceso de edición puede discurrir de diferentes formas, según se trate de un libro sencillo, de uno complejo o uno de complejidad superior. También depende de si el libro parte de una obra preexistente o es un proyecto editorial, donde el contenido aún no existe y se creará exprofeso para la publicación.
En Publicar con calidad editorial (2017), esquematicé el proceso de edición de una obra creada con las siguientes etapas:
- creación,
- edición de mesa o editing,
- corrección de estilo,
- composición o maquetación,
- corrección ortotipográfica o de pruebas.
Ese planteamiento parte de una forma de trabajo en la que la corrección ortotipográfica queda vinculada a la página ya maquetada.
Con los años, el trabajo diario, los cambios del sector y mi propia evolución como proveedora de servicios editoriales me han llevado a replantear una parte de ese orden. Concretamente, el de la corrección de estilo, la maquetación y la corrección ortotipográfica.
Sospecho que a más de un colega y profesional de la edición esta propuesta le va a dar un ataque de caspa. Pero también confirmo que el mercado tiene diferentes champús para ello. 😂
Un vistazo a los antecedentes
La corrección ortotipográfica aplicada sobre la maqueta de una publicación destinada a ser impresa es la primera prueba del libro, lo que la bibliografía tradicional llama pruebas de galera, y es el antecedente de lo que hoy llamamos corrección de pruebas.
José Martínez de Sousa, en su Manual de edición y autoedición (Pirámide, 2005), distingue la corrección de concepto, la de estilo y la ortotipográfica, y describe el trabajo sobre galeradas y compaginadas propio de la imprenta tradicional.
Patricia Piccolini documenta esa misma secuencia en De la idea al libro (FCE, 2020), donde dice que, al ubicar todo el material previamente editado y corregido, el diseñador genera páginas, primero virtuales y luego impresas, «conocidas como pruebas de página, pruebas o planas», que «son corregidas por el corrector y supervisadas por el editor», y que «suele ser el momento, también, en que el autor hace la última revisión».
Manuel Gil y Martín Gómez, en Manual de edición. Guía para estos tiempos revueltos (CERLALC, 2016), ubican estas tareas dentro de la fase de edición del proceso editorial, que definen como aquella que «implica la ejecución de tareas muy variadas, como la corrección de estilo, la maquetación o puesta en página y la corrección de pruebas».
Galeras, planas y contrapruebas
Roberto Zavala Ruiz recoge esa secuencia mencionada en El libro y sus orillas (FCE, 2013), con el último capítulo dedicado a la corrección de pruebas.
En ese capítulo, el autor distingue la corrección de galeras o pruebas de galera, la corrección de primeras planas o segundas pruebas y la corrección de contrapruebas.
En las pruebas de galera sostiene que «hay que leerlas con atendedor, que es la persona que lee en voz alta el original mientras el corrector revisa las galeras o primeras pruebas». No puedo afirmarlo, pero dudo mucho que exista tal figura hoy y se contrate a un profesional para ejecutar esta tarea.
Por otro lado, «se espera que el corrector [de galeras] advierta y corrija los errores que pudieran habérsele escapado al corrector de estilo».
Además, Zavala sostiene que, en la corrección de primeras planas o segundas pruebas, el corrector hará «una nueva lectura de toda la obra y, a más de buscar erratas, deberá atender a muchos y diversos aspectos, gramaticales y tipográficos». Se refiere a particularidades como aumentar o quitar palabras o frases para ganar o restar una línea, evitar una viuda o suprimir un blanco inadecuado.
Finalmente, el autor indica como corrección de contrapruebas a aquella que permite «verificar que se han hecho completa y adecuadamente las correcciones indicadas en las primeras planas».
«Cuando hay pocos errores basta con las segundas para finiquitar la corrección de pruebas, pero si abundan los errores habrá que solicitar terceras, y excepcionalmente cuartas, hasta asegurarse de la limpieza de la composición», remata.
Esta corrección de contrapruebas es previa al juego de plotters, una versión en papel de cómo quedará el libro impreso antes de entrar en máquina.
En las correcciones mencionadas anteriormente es donde se usan los signos de corrección de imprenta que, en España, están regidos por la UNE 54051 (2016).
Cambios en el sector editorial para replantear el orden de trabajo
Por experiencia propia y de colegas, puedo decir que pocas editoriales continúan aplicando el orden heredado de la imprenta. Es decir, corrección de estilo → maquetación → corrección ortotipográfica sobre esa maqueta/corrección de pruebas. De hecho, varios sellos y editoriales solicitan la corrección de estilo y la ortotipográfica unificadas, como parte de una única fase.
El contexto de producción y circulación de los libros ha cambiado y no poco en las últimas dos décadas. A esto se suma el avance y consolidación de la autopublicación, lo que ha reconfigurado el papel y el perfil de los profesionales de la edición.
También se han acortado los plazos de producción. Si una corrección ortotipográfica completa se deja para después de maquetar, cada cambio debe señalarse sobre las pruebas, incorporarse al archivo de maquetación y comprobarse de nuevo.
Cuanto más avanzada está la producción, más intervenciones exige una modificación del texto y mayor es la posibilidad de que afecte a la composición. Resolver esa corrección antes permite concentrar las pruebas en los errores que hayan podido quedar y en las cuestiones que corresponden a la obra ya maquetada.
Otro cambio relevante es la producción de una misma obra en distintos formatos. El texto destinado al libro impreso puede servir después como base para un libro electrónico, un audiolibro, un guion audiovisual u otros productos derivados.
En ese contexto, cobra sentido que las correcciones de estilo y ortotipográfica se resuelvan antes de la maquetación. De este modo, los distintos formatos parten de un texto que ya ha pasado por ambas correcciones.
Razones para revisar el orden de las correcciones
Algunas razones para organizar el trabajo de otro modo son:
- Galeradas, compaginadas, fotolitos, ozálidas, etc., pertenecen a un sistema de producción hoy sustituido por procesos digitales.
- Ya no hay correctores en plantilla en las editoriales ni en las empresas de servicios editoriales; casi la totalidad son colaboradores externos, y eso cambia la forma de organizar el trabajo respecto a como se hacía antes, además de los costes asociados.
- Corregir los aspectos ortográficos y tipográficos en un archivo de Word cuesta menos tiempo, dinero y esfuerzo que corregirlos sobre archivos PDF.
- Cuando la corrección se hacía sobre papel, los cambios se señalaban con signos de corrección normalizados. Esa práctica es cada vez menos frecuente —por no decir nula— porque hoy predomina el trabajo sobre PDF; otro motivo por el que conviene resolver la corrección ortotipográfica antes de maquetar, directamente en Word.
- Cuando el texto llega limpio y corregido a la maquetación, la composición se construye sobre una base ya cerrada. Si la corrección ortotipográfica se introduce después, sobre el libro ya compuesto, cada cambio puede correr líneas, desplazar párrafos a la página siguiente o romper un salto que ya estaba resuelto. Eso multiplica el riesgo de introducir errores nuevos en cada intervención, además de sumar tiempo y coste a una fase que debería estar más cerca del final del proceso.
- La producción de una misma obra en distintos formatos refuerza la conveniencia de resolver las correcciones de estilo y ortotipográfica antes de abordar las tareas específicas de cada uno. El libro impreso, el libro electrónico o el audiolibro pueden partir así de un texto que ya ha pasado por ambas correcciones.
Todo esto —y seguramente más cuestiones no mencionadas— invita a revisar el orden con el que se ha venido trabajando para ganar flexibilidad y control sobre cada fase del proceso.
Por qué corregir ortotipográficamente antes de maquetar un texto
En el curso Control de calidad en la producción de libros, que imparto en la escuela Parix, planteo un orden distinto: corrección de estilo, corrección ortotipográfica, maquetación y, después, la revisión de pruebas.
La denomino revisión de pruebas para que quede clara la diferencia con las correcciones que la preceden, aunque en la práctica viene a ser una segunda corrección ortotipográfica, ya aplicada sobre la maqueta.
Planteo este orden en el curso porque forma parte de mi metodología de trabajo en la consultoría.
Esta metodología tiene origen, además de en los cambios que mencioné en el apartado anterior, en algo muy concreto: varias tareas propias del corrector pueden solventarse antes, durante la fase de maquetación. Por ejemplo:
- columnas y páginas cortas al final de un capítulo,
- viudas y huérfanas que producen líneas en blanco,
- líneas abiertas o apretadas,
- tratamiento de notas al pie de página,
- repeticiones de sílabas o palabras al comienzo y al final de línea,
- líneas cortas, largas o ladronas,
- callejones o ríos.
Es decir, varias de las cuestiones mencionadas por Zavala Ruiz como parte de la corrección de primeras planas o segundas pruebas.
Estas y otras cuestiones —algunas requieren explicación y matices que exceden el alcance de este artículo— pueden solventarse durante la maquetación, sin necesidad de que esas labores recaigan por entero en la corrección de pruebas.
Es así como lo hacemos en los trabajos que producimos en la consultoría, y alivia sobremanera el trabajo posterior en las diversas rondas de corrección.
El flujo de trabajo aplicado a la corrección de pruebas tras la maquetación
La corrección de pruebas comienza cuando la maquetación ya está terminada. En esta fase, por lo general, el corrector no trabaja sobre el archivo de InDesign, sino sobre una copia preparada para revisión.
Lo habitual es que el maquetador exporte un PDF y lo envíe al corrector o al editor. En un proyecto de autopublicación, si el autor ha encargado directamente la maquetación, es él quien recibe las pruebas para su revisión.
En ese documento se señalan las erratas, ajustes y cambios que se detectan mediante las herramientas de comentario y anotación de un lector de PDF, como Adobe Acrobat. Esa primera revisión sobre la maqueta es lo que llamamos primera de pruebas y, si previamente se ha realizado una corrección ortotipográfica, equivale a una segunda de ortotipografía.
Después, el maquetador recibe el PDF con los cambios y vuelca cada uno en el archivo de maquetación. Una vez incorporadas todas estas correcciones, exporta un nuevo PDF y lo devuelve para comprobar que los cambios se han realizado bien y detectar posibles problemas que hayan pasado inadvertidos en la primera revisión. Esta nueva vuelta corresponde a la segunda de pruebas.
El mismo circuito puede organizarse con una plataforma de edición colaborativa o InCopy. En ese caso, el corrector introduce las correcciones en el contenido vinculado a la maqueta y el maquetador comprueba que esas correcciones no hayan alterado la composición y efectúa los ajustes de maquetación que sean necesarios.
Si consideramos la edición independiente o autopublicación, la figura del editor y la del autor quedan aunadas. En esos casos, es el autor quien asume la responsabilidad editorial.
Qué revisar en la corrección de pruebas
Entre los aspectos que conviene prestar atención están los siguientes:
- Comprobar que los comentarios o indicaciones sobre maquetación que constaban en el original se hayan aplicado correctamente.
- Detectar las erratas que puedan haberse introducido durante la composición.
- Revisar cuestiones propias de la maquetación —viudas y huérfanas, callejones y ríos, líneas cortas o apretadas, notas al pie mal resueltas, entre otras—.
- Contrastar el sumario con el contenido real de la obra.
- Examinar la partición de palabras en nombres propios, siglas y términos en otros idiomas.
- Confirmar las notas y las referencias cruzadas.
- Verificar la ubicación de los elementos gráficos, como cuadros, imágenes y tablas.
Según la tipología de libro con la que se trabaje, esta comprobación puede ampliarse considerablemente.
Cuántas rondas de corrección de pruebas necesita un libro
El número de rondas depende, en primer lugar, de la calidad del manuscrito y del trabajo que llevaron la corrección de estilo y la corrección ortotipográfica previas. Algunos manuscritos, lejos de necesitar una corrección, necesitan una reescritura y ese problema de fondo llega también a la corrección de pruebas.
Por más excelente que sea el trabajo del corrector de estilo y del corrector ortotipográfico, algunos textos representan una labor titánica, y ese esfuerzo previo no siempre alcanza a limpiar del todo el terreno para la corrección de pruebas.
Otro caso distinto es el de los manuscritos que exigen una corrección de estilo muy extensa, con cambios profundos en el texto. Ese volumen de intervención puede introducir errores nuevos, y conviene sumar una revisión ortotipográfica adicional antes de maquetar, para no arrastrarlos hasta la corrección de pruebas.
Cuenta también la complejidad de la obra, en cantidad y diversidad de material. Una obra de tipo enciclopédico, por ejemplo, puede requerir varias revisiones de maqueta.
También influye el presupuesto con el que cuenta el autor para la edición de su libro. Cada ronda de corrección de pruebas es una tarea nueva y eso condiciona cuántas rondas resulta razonable plantear para un proyecto concreto.
Con todo, siempre que el texto haya pasado antes por una corrección sólida en Word, un número lógico de rondas de corrección de pruebas es de dos a tres.
Lo que está en tus manos antes de publicar
Publicar un libro sin errores es casi una quimera, incluso con una corrección de estilo, una corrección ortotipográfica y varias rondas de corrección de pruebas.
Lo que sí puedes decidir, como autor o editor, es cuánto margen de error resulta aceptable para tu proyecto, y en qué fase del proceso conviene detenerlo.
Cuanto más resuelvas la corrección de estilo y la corrección ortotipográfica antes de maquetar, menos trabajo y menos coste exige después la corrección de pruebas. Y cada ronda de pruebas bien planificada evita sorpresas en la recta final.
Entender este orden, y por qué algunos profesionales lo alteramos respecto al orden derivado de la imprenta, te da un criterio propio para valorar cómo avanza tu libro hacia la publicación.
