Un escritor no debería autoeditarse.

La edición de una obra propia no puede hacerla uno mismo. Al menos si lo que desea es un producto —en este caso un libro— que cumpla con determinados estándares de aceptabilidad por parte del lector. O sea, que ese producto tenga un mínimo de calidad editorial.

Lo que sí puede hacer un escritor es autopublicarse, cosa bien diferente a autoeditarse.

Ambos términos se han usado para referirse, indistintamente, al autor que decide publicar su obra sin el amparo de una editorial. Sin embargo, la autoedición y la autopublicación son cosas bien distintas.

Sólo basta eliminar el prefijo “auto” para ver que las acciones que estas palabras designan son disímiles: editar y publicar no son lo mismo.

Mucha de la terminología que se utiliza en el sector editorial en castellano proviene de términos del inglés. Edit y publish suelen confundirse y/o designar una misma labor; sin embargo son diferentes.

Si edit y publish no son lo mismo, tampoco lo son editing y publishing; por ende, tampoco lo son self-editing y self-publishing. La entrada Editar y publicar no son sinónimos aclara estos conceptos.

Autopublicar viene a aplicarse a la acción por la que un autor, por el medio que sea, solventa por sí mismo la publicación de su libro; sea la impresión o la creación de un archivo para su posterior distribución y comercialización.

Autoeditar significa que el autor realiza sobre su propia obra las tareas propias de un editor, que son muy amplias y variadas.

Preguntas que surgen sobre la autoedición

Por tanto, ¿puede un autor autoeditar su propia obra? Yo creo que no, que puede autopublicarla, pero no autoeditarla, por lo menos no íntegramente.

Porque, ¿puede un autor evaluarse a sí mismo si ha planteado claramente lo que quiere decir en su manuscrito?

¿La historia planteada atrapa la atención del lector desde el comienzo hasta el final?

¿Puede evaluar si los personajes que ha incluido en la novela suenan reales?

¿Dicen lo que quieren decir cuando hablan y mantienen el tono a lo largo de toda la trama?

¿Estos personajes son convincentes y están bien desarrollados? ¿Funcionan los diálogos entre ellos?

¿Puede un autor evaluar si las ideas expresadas se encadenan con una determinada lógica y los términos están bien definidos?

¿Puede un escritor determinar si su manuscrito posee un lenguaje correcto, si hay coherencia, uniformidad, sentido, claridad, fluidez y estructura en sus textos?

Asimismo, ¿puede determinar si su escritura está gramatical, sintáctica y lexicográficamente bien redactada? (*)

Mi opinión sobre autoedición

Mis respuestas a las preguntas anteriores es “No”. Ya que, en la práctica, es imposible ser objetivo sobre lo que uno ha escrito. Y más todavía ser el asesor/corrector/editor de su propia obra.

Y todo esto sin considerar que al tratamiento del manuscrito deben sumarse las tareas de diseño del libro y la maquetación del mismo.

Al igual que la preparación de los archivos para la imprenta o para la distribución digital (para lo que hay que tener determinados conocimientos técnicos); y todas las laboriosas y extensas acciones de promoción y marketing (que requieren también de unos conocimientos específicos).

El autor podrá realizar algunas de las tareas propias de la edición de una publicación sobre su manuscrito, pero no todas y cada una de ellas. Necesitará —forzosamente— de profesionales que le ayuden a ver su libro publicado.

De ahí que la labor del editor y de otros profesionales de la edición —incluso en el nuevo paradigma de la edición digital— continúa siendo fundamental.

Por tanto, me parece importante diferenciar que la autoedición, tal como la concebimos y llamamos frecuentemente, es en realidad autopublicación.

Es la capacidad (de un autor) para publicar su obra por fuera del circuito tradicional de edición, pero no la capacidad de editarla, menos de forma integral.

Autoedición versus autopublicación

(*) Sugiero una lectura de la entrada sobre los diferentes tipos de editor (acquiring editor, managing editor, line editor, copy editor, production editor) y sus respectivas tareas. También hallas más detalles en el capítulo “¿Quién (y qué) es un editor” del Manual de edición literaria y no literaria, de Leslie T. Sharpe e Irene Gunther (Fondo de Cultura Económica, 2005).