Dolores de cabeza frecuentes para un desarrollador de appbooks

Ramiro Santa Ana Anguiano septiembre 3, 2019 @ 5:45PM

Por el 3 Sep, 2019 | 3 comments

 

Hace un año empezamos una serie sobre los dolores de cabeza frecuentes para un editor, un cliente y un lector de ebooks. Con esta publicación empezaremos una serie sobre las dificultades para un desarrollador, un cliente y un usuario de appbooks.

En lo personal prefiero enfocarme en metodologías ramificadas de producción editorial. Pero, entre los constantes gigs con características similares, a veces es un buen respiro desarrollar proyectos de índole distinta. En varias ocasiones esto implica el interés por desarrollar algún appbook.

Sin embargo, ese respiro puede tornarse en una sofocación. En el desarrollo de appbooks hay un delicado margen que puede desestabilizar el proyecto. En parte por su dificultad técnica, pero también porque el soporte final tiende a no ser el esperado por parte del cliente o el editor-desarrollador de appbooks.

Entonces, hay unas cuestiones básicas que vuelven muy delicada la publicación de un appbook:

  • El término «appbook» es ambiguo.
  • Los recursos y requisitos mínimos, por lo general, son ignorados.
  • Las expectativas son muy altas.
  • La narrativa tiende a no ser convencional.
  • El principal aliado es el que, por tradición, se ha considerado la Némesis de la lectura y la cultura escrita.
  • Las metodologías y las herramientas de producción no son las usuales en un contexto editorial.

 

El camino de la negación: la definición del appbook

¿Qué es, después de todo, un appbook? La definición mínima que manejo, al igual que Programando LIBREros (mi compañera de trabajo), es que el appbook es una publicación no estandarizada.

Pero ahora, ¿qué es una publicación «no estandarizada»? Se trata de una obra con las siguientes características:

  • Su producción no implica las metodologías y las herramientas comunes en la edición. Está más emparentada con el desarrollo de software o de videojuegos que con la publicación de un libro.
  • Su reproducción no es sencilla. Se trata de un producto único cuyos frutos, rara vez, pueden ser reutilizados para otro proyecto.
  • La experiencia de lectura pretende no ser la misma a la ofrecida por lo que conocemos como «libro». Los appbooks tienden a ser ambiciosos respecto a sus recursos narrativos: ¿cómo leerlo —si es que en realidad se «lee»—?, ¿cómo desplegar el argumento o la historia que trascienda lo que ofrece el paradigma de la página?
  • Su distribución o su comercialización no se hace a través de los canales habituales para el editor. Los appbooks se ofrecen igual que un programa de cómputo.
  • Su posición en el mercado, por lo regular, no es redituable. Este tipo de proyectos editoriales destacan por sus altos costos y bajo consumo; incluso menor al de un libro electrónico —que en habla hispana no supera el 5% de la facturación en el sector—.

Un appbook se define a través de lo que no tiene en común con otro tipo de publicación como un libro, un periódico o una revista. Esto se debe a que el producto es tan diverso que no es sencillo encajarlo en una sola definición.

Aun así contempla varias semejanzas con otros tipos de productos editoriales «no estandarizados», como el fanzine, algunos libros objeto, los juegos de mesa, los mazos de cartas u otro tipo de producto editorial que contemple más de una de las características mencionadas. Todos estos soportes, aunque dispares, tienen estos elementos en común.

 

La diferencia específica del appbook

Frente a otros soportes, el appbook es, en principio, software. Es un conjunto de unos y ceros producidos por un compilador a partir de varios archivos elaborados con lenguajes de programación. No hay nada en esa descripción que implique alguna clase de tradición editorial.

Entonces, ya pueden imaginarse cuando alguien viene con la intención de que lo apoyes para desarrollar un appbook. Entre lo que el cliente se imagina que es un appbook a lo que el editor cree y puede hacer hay una enorme diferencia.

Si todavía es complicado explicar al cliente las posibilidades y los límites de un libro electrónico, la asertividad en la planificación de un appbook es una tarea más compleja.

¿Cómo indicarle al cliente que su idea, aunque buena, es inviable por los recursos técnicos, económicos o de tiempo con los que se cuenta? ¿Cómo explicarle que su gran proyecto tiene graves deficiencias en la experiencia de usuario?

Pero, con mayor ahínco, ¿cómo encaminar la discusión para dejar en claro que quizá lo que llama «appbook» puede ser más bien otra clase de producto no editorial, o algo que más bien podría ser un ebook?

Por lo general, el cliente y el desarrollador de appbooks concuerdan en lo que no quieren, pero rara vez están en común acuerdo en lo que desean.

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Hacer más con lo mismo: el nacimiento de un appbook

Y aún con esa falta de consenso muchos appbooks inician su desarrollo. Al tratarse de un producto no estandarizado —no hay metodologías, herramientas o reglas de formación claras—, los costos se disparan.

Incluso el appbook con menos gracia implica una serie de procesos, regresos y esfuerzos que, en términos económicos, es hacer menos con lo mismo. Pero esto en más de una ocasión es obviado.

La producción de un appbook muchas veces supone la elaboración de otro soporte con los mismos recursos con los que se cuenta para llevar a cabo la publicación de los formatos ordinarios, como el PDF de impresión, el EPUB y el MOBI.

Entonces, ya tenemos un problema de ausencia de acuerdos, ahora súmese un punto de partida dentro de la precariedad económica y laboral. Con estos dos factores ya es posible imaginarse que el producto final tendrá sus deficiencias.

Sin embargo, el entusiasmo del cliente y del editor puede ser tan grande que no les permite ver las posibilidades reales del proyecto.

Con mucha facilidad, el desarrollador de appbooks también puede creer que el proyecto es posible con los recursos actuales. Por desgracia esto es un reflejo de una falta de experiencia o un deseo de producir algo distinto.

 

Idea rica, ejecución pobre: el crecimiento de un appbook

Entre las discrepancias y las carencias del principio también tenemos un tercer factor que determina la calidad del appbook: las capacidades de quien lo desarrolla.

Las necesidades técnicas que requiere un editor para desarrollar un appbook no son fáciles de adquirir. Así como el perfil más idóneo, el del programador, para su ejecución tiende a estar poco familiarizado con el mundo del libro.

De uno y otro lado hay buenas ideas para desarrollar un appbook. Pero en un appbook la falta de capacidad técnica o de cuidado editorial será lo primero que resalte.

Por un lado, tenemos la idea del editor, que propone cómo narrar la historia o qué presentación del texto o lectura incluir. Y, en esta búsqueda, los recursos técnicos limitan la ejecución de la idea, porque esta solo es posible a través de los saberes con los que cuenta el editor.

No sorprenderá que, para alguien con más formación en la producción de libros que de software, se termine por ofrecer un producto con ciertas deficiencias en la experiencia de usuario, en la estructuración de datos o en la optimización del producto.

Ante estas carencias, precariedades y faltas de consenso tiende a ser preferible desarrollar appbooks entre editores u otros colaboradores que ya llevan tiempo trabajando juntos. De lo contrario, se corre el riesgo de generar muchas tensiones.

Por otro lado, están las ideas del programador —el desarrollador de appbooks— sobre cuáles son las tecnologías o los lenguajes más pertinentes para ejecutarlos. No obstante, en un appbook la manera de presentar el texto es muy importante: una característica que tiende a ser pasada por alto por una profesión que se caracteriza por ver al texto como un tipo de dato más en su inventario.

Debido a ello, los grupos de trabajo que surgen a través de equipos de desarrollo tienden a incorporar una gran cantidad de profesionales. Esto eleva los costos de producción y aumenta los tiempos.

Pero, principalmente, relega la figura del editor a un trabajo secundario en lo que se supone es experto: el texto y el «libro». Para varios profesionales del libro esta organización del trabajo es poco digerible.

El desarrollo de un appbook requiere la fusión de varias disciplinas en pos del texto, en un contexto de producción donde este ha perdido relevancia en la producción cultural de «vanguardia». Así que a las grandes ideas aún les queda un largo camino por recorrer para depurarlas y ejecutarlas de la manera más fiel a como se proyectan.

 

De la vanguardia al cliché: la historia de vida del appbook

«De la página a la pantalla» es una frase muy común cuando hablamos de edición digital. Entre uno y otro soporte existen traslados y analogías, aunque también rupturas y necesidad de producción de nuevos conceptos.

El appbook pretende posicionarse en el lado de la vanguardia o transgresión y no en la herencia y la tradición.

Pero lo que surge como una idea «vanguardista» pronto se revela como otro lugar común dentro de la pretensión de producir el producto que reemplazará al libro.

Un soporte no puede revolucionar una industria si no demuestra que su elaboración es posible dentro de una línea de producción en lugar de tratarse de una excepción.

En los appbooks se da el extraño caso de querer ser un producto de vanguardia al mismo tiempo que busca su aprobación como soporte válido para una industria.

El resultado que tenemos es un producto del cual se puede hablar mucho, pero su uso, por lo general, no es extraordinario ni revolucionario ni, mucho menos, cumple con lo que promete: una nueva forma de pensar la presentación de material textual.

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La vuelta de tuerca: el videojuego como recurso para el appbook

En la búsqueda de nuevas propuestas narrativas, de uso y de reproducción del texto el videojuego ofrece un buen recurso. Pienso al videojuego, su cultura y sus modos de producción como un «recurso» porque en el desarrollo de appbooks existe una constante aspiración de no ser confundido por un videojuego.

En parte porque el appbook dentro de su transgresión aún quiere hacer honor en darle prioridad al texto. Pero también debido a que el appbook, pensado como un tipo de videojuego, provoca al menos dos conflictos.

El appbook como videojuego lo hace susceptible a ser catalogado y apreciado según los parámetros de su jugabilidad y no de su calidad editorial. Esto no es del agrado para la mayoría de los editores quienes, por experiencia personal, carecen de contacto con la industria del juego.

Al final, el libro en este contexto quiere seguirse pensando como el producto cultural por excelencia. Incluso cuando la atención del público y del mercado hace mucho se inclinó hacia los productos cinematográficos, el software y el videojuego.

El appbook, a diferencia de varios productos editoriales «por excelencia», tiene la intención de entretener al usuario. Se trata de una función que muchos editores no tienen interés de ofrecer, debido a otras tareas consideradas más relevantes como la reproducción del conocimiento o de las técnicas artísticas o literarias.

Por otro lado, el appbook como videojuego tiene la desventaja comercial de tener que competir como un producto dentro de la industria del juego. Si de entretenimiento de trata, muchos de los que revisamos este blog sabemos que el libro en nuestro tiempo se trata más como un producto formativo o de preservación que de diversión.

La percepción del videojuego como «recurso» para el appbook no solo sirve para esquivar estas dificultades. Cuando una área de nuestra cultura es tratada como recurso, existe ya un nexo para pensarlo como una entre varias posibilidades.

Por el momento, el videojuego se ha mostrado como el recurso más útil y fácil de asimilar entre un amplio público que comprende a los editores, a los lectores y a los gamers. Pero bien podrían buscarse otros recursos más apegados al campo del desarrollo de software u otros rubros del desarrollo tecnológico.

¿Cómo podría ser un appbook que propone una narrativa para presentar el texto y, al mismo tiempo, un lenguaje o una herramienta para producirlo y un soporte para reproducirlo?

 

Un final abierto: las enseñanzas que deja la producción de un appbook

El panorama es desolador… pero solo si se percibe al appbook como un objeto que ha de «salvar» a la industria del libro en un campo de competencia entre otros productos culturales.

El appbook tal vez no ofrezca el nuevo paradigma para la industria, pero quizá sí ofrece una serie de conocimientos que pueden ayudarnos a repensar lo que es la edición.

En su falta de cuidado técnico o editorial existe un aprendizaje muy importante: la producción de appbooks saca a quien hace libros de su zona de confort. La obligación de usar metodologías o herramientas ajenas a la tradición editorial ayuda a ofrecer otra clase de recursos para cuidar, experimentar, imaginar y repensar el material central de nuestra profesión: el texto.

Entonces, no es un final que muchas personas en la industria del libro esperarían. La producción del appbook muchas veces causa sofocación, aunque también fomenta la generación de nuevos enfoques para reflexionar sobre la práctica y la teoría editorial.

El desarrollo de appbooks no es sencillo, pero ¿qué tipo de aprendizaje lo es?

    3 comentarios

  1. Gracias por el artículo. Para mí se trata de información completamente nueva. Solo tengo una pregunta, ¿es posible usar este appbook en PC o solo se puede utilizar con sistema Android en smartphone?

    Marina

    4 septiembre, 2019

    • Cuando ingresas a la URL verás que hay una opción (la segunda) que enlaza a Google Play. Desde ahí puedes descargar la versión para Android, donde se indica que tiene que ser versión 4.4 o posterior.

      Mariana Eguaras

      4 septiembre, 2019

  2. ¡Gracias! Qué rapidez para responder.

    Marina

    4 septiembre, 2019

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