¿Por qué insistir con las fajas de los libros en la era digital?

Mariana Eguaras septiembre 12, 2019 @ 12:11PM

Por el 11 Sep, 2019 | 8 comments

 

“Las frases más básicas y rimbombantes que se nos ocurran las vamos a poner en las fajas de los libros”.

Esto, palabra más palabra menos, me lo dijo un editor hace años y lo miré con desconcierto. “¿Sabrá lo que está diciendo?”, me pregunté. Y sí, sí que lo sabía.

El asunto era que las frases que se nos ocurrían sonaban grandilocuentes y pretenciosas, algunas incluso hasta ridículas. Eran exageradas y encajaban prácticamente para cualquier libro de la colección (como estas).

No diferenciábamos entre títulos y los enunciados se ajustaban tanto a un libro como a otro. Llegó un momento en el que todo parecía dicho o escrito y que nos repetíamos frase tras frase.

Con el tiempo llegué a comprender lo que el editor quiso decir. Debíamos elegir frases fáciles y rápidas de asimilar para las fajas, sin importar demasiado su contenido verídico o exacto.

Importaba, y mucho, lo que tenía que lograr; importaba su función, no tanto lo que decía. Se trataba de atraer a quien la veía sin dar un segundo de tiempo a pensar o ver las fajas de los libros vecinos.

Por eso, el eslogan elegido para la faja tenía que ser rápidamente digerible; debía ser llamativo, escandaloso, provocativo, intrigante, sugerente, fenomenal..., lo que sea con tal de lograr su cometido.

Ahora bien, partiendo de este supuesto, pregunto:

  • ¿Qué importancia tiene esta tira de papel en una librería online?
  • ¿Cuál es el lugar que les aguarda a las fajas en el mundo virtual?
  • ¿De qué sirve poner una faja a un libro impreso que en la tienda en línea no se ve? (Aunque luego, cuando lo recibes en casa, venga con ella).
  • ¿Vale la pena incrementar los costes de impresión y manipulación con esta parte efímera del libro?
  • ¿Sigue teniendo algún efecto como elemento disuasorio para la compra o como pieza de marketing?

Analicemos un poco la situación y esbocemos algunas ideas.

 

Características físicas de las fajas de los libros

Una faja no es una parte de un libro impreso sino un agregado, un anexo y hasta casi un adorno. Es una tira de papel que se coloca rodeando el exterior de un libro.

Si un libro no lleva faja este continúa siendo un libro impreso; no perdemos nada esencial de una publicación si la faja no está. Por tanto, es un elemento prescindible materialmente hablando.

Lo mismo podría decirse de las camisas o sobrecubiertas, el libro sigue siendo un objeto íntegro sin que ellas estén; al menos en la mayoría de los casos y en Occidente.

El tamaño de las fajas puede variar. A lo alto ocupan un cuarto o tercio del libro, incluso pueden llegar a la mitad y hasta casi cubrir la cubierta al completo.

El largo de esta pieza gráfica debe ser el suficiente para que envuelva y abrace al libro de punta a punta.

Para un libro con solapas se intentará que la faja tenga los mismos centímetros que el exterior del libro más los centímetros de estas. Si no las lleva, habrá que calcular unos 15 o 20 centímetros más del formato abierto del libro.

El color es indistinto, en tanto contraste con el libro, porque no olvidemos que tiene que llamar la atención. Y una faja negra sobre un libro con fondo negro no destaca.

Libros con fajas en Casa de libro

Libros con fajas en una de las librerías de Casa de libro

 

Para qué sirven (¿o servían?) las fajas de los libros

La faja es un elemento de marketing igual que lo es un marcapáginas. Pero la faja tiene mayor visibilidad porque se coloca fuera del libro, a diferencia de un punto de libro, que va dentro.

Esta cinta que abraza a las cubiertas, e incluso sobrecubiertas, contiene textos a modo de anzuelo para ganar lectores.

A diferencia de la contracubierta, los argumentos de venta en la faja están a golpe de vista; no hace falta agarrar el libro y girarlo para leer alguna frase con pretensiones de hacernos comprar el ejemplar.

Como enfatiza Guillermo Piro en esta entrada, las frases que se incluyen en las fajas “usan superlativos absolutos”. Y también “hacen comparaciones improbables, emiten juicios entusiastas y tiran números de ventas astronómicos, irreales e incomprobables”.

Cristian Vázquez, en Letras Libres, escribe que “la cantidad de adjetivos se agota, y eso obliga a recurrir a la cantidad. Y para meter más adjetivos, hace falta que las fajas sean cada vez más grandes”.

Pero las editoriales no solo recurren a la cantidad en cuanto a información que incluyen en las fajas de los libros. También lo hacen con los números, para destacar el número de edición (más bien, reimpresión) y las copias vendidas.

Así, encontramos “5.ª edición”, o “Más de 50 000 ejemplares vendidos”. O “Bestseller publicado en 20 países”, y con número, porque 20 llama más la atención que veinte.

La diferencia entre las fajas y las sobrecubiertas es que estas no son un elemento de marketing.

Raramente hallamos en las sobrecubiertas frases de venta. Son una reproducción de la cubierta del libro o bien cumplen la función para la cual se crearon: resguardar las cubiertas de la suciedad y el estropeo.

 

Mis consideraciones sobre las fajas de los libros impresos

En la práctica, para lo que siempre han servido las fajas, es como marcapáginas improvisado. O para nivelar mesas, como nos enseña la traductora Estela Gutiérrez en Twitter.

Su vida es efímera y, a decir verdad, lo más probable es que acaben en la papelera. Pero además…

 

Las fajas aumentan los costes

Cuantos más partes o acabados extras tiene un libro más caro es fabricarlo; por tanto, más caro será el precio de venta al público (PVP) que la editorial le asigne.

Y en el caso de las fajas no solo es un sobrecoste su impresión, sino también su manipulación; la colocación de las fajas sobre cada una de las copias es un proceso añadido a la producción.

 

Las fajas son molestas

Libros en la sección librería de Carrefour en Barcelona, España

"Fajas voladoras" en un Carrefour en España.

Es bastante improbable que la faja se ubique donde el editor quiere. Más temprano que tarde acabará moviéndose y, con esto, aumentan las posibilidades de que se rompan.

Los libreros de tiendas físicas tienen que tener cuidado de no rasgarlas cuando colocan los libros la estantería.

Son los libreros quienes más padecen con las fajas: se enganchan, se mueven, se salen… Los lectores las tiramos, pero a ellos no les queda otra que renegar con ellas o rebelarse.

¿Y qué hacen los bibliotecarios con las fajas de los libros? ¿Sobreviven las fajas en las bibliotecas?

 

No tienen cabida en el mundo online 

Las fajas de los libros en una librería en línea no tienen razón de ser.

¿Has visto alguna imagen de un libro, que incluya una faja, en una librería online? No, y no tendría sentido tal cosa, porque ocultaría la cubierta del libro, su rostro.

Es más, una faja generaría el efecto contrario por el que existe y no ayudaría a vender el título.

Además, el modo de colocar los libros en una página web nada tiene que ver con el de la librería física. Aunque las librerías en línea vendan libros como las físicas la dinámica de una y otra son muy diferentes.

 

Lectores versus compradores

¿Cuántos lectores entran a una librería a pie de calle “a ver qué hay” para leer? Creo que quien es lector asiduo no entra indeciso a una librería.

Si eres lector habitual ya sabes cuál será tu próxima lectura; entonces, lo que diga una faja te la refanfinfla.

Mi hipótesis es que las fajas de los libros están destinadas a los compradores ocasionales. A aquellas personas que no saben qué libro coger para las vacaciones o para regalar. Y que, indecisas, entre uno y otro libro puede que se decanten por el que tiene la faja más llamativa o la frase más rimbombante.

Y por eso hay que elegir frases con adjetivos calificativos positivos y rápidamente comestibles. Porque la lucha es por la atención y el tiempo de ese comprador, no necesariamente lector asiduo.

 

Un punto (muy) a favor de las fajas en los libros

Un factor a favor de las fajas es su versatilidad. Es decir, su carácter efímero las vuelve una pieza cómoda para actualizar con cada reimpresión de una tirada.

Efectuar cambios en una sobrecubierta es más caro que hacerlo en una faja y más todavía hacerlo en una cubierta.

A efectos prácticos, no importa si la faja de una edición tiene un color y en la siguiente otro; algo que no se podría aplicar con las camisas y menos con las cubiertas de un libro. Hacerlo sería cambiarles el rostro, pero esto no sucede con las fajas.

En cambio, la faja, al ser una mera tira de papel, hoy se imprime con una frase y mañana con la mención a un premio. En la faja de una edición se escribe una cosa y en la siguiente otra.

La faja incluso puede crecer de tamaño para demostrar la larga y buena vida de un libro.

También cabe destacar que las fajas de los libros adquieren carácter informativo cuando abarcan información sobre premios recibidos por su autor o la transformación de la obra en una película.

Eso sí, siempre sin quitar el matiz promocional de la información. Si el dato no ayuda a promocionar y vender el libro este no se incorpora a la faja.

En definitiva, la idiosincrasia voluble de las fajas también es su mayor potencial.

 

¿Por qué las editoriales siguen usando fajas en los libros?

Con todo lo dicho, a estas alturas ya es hora de preguntarse por qué las editoriales insisten en colocar fajas en las copias impresas. Para mí, se debe a dos motivos.

Uno, las editoriales que buscan los lectores ocasionales se debe a que confían en que la faja les puede sumar compradores al libro.

¿Hay un retorno de la inversión entre lo que cuesta fabricar la faja y las personas que compran el libro por ella? Arriesgaría que a decir que no, pero no conozco estudio alguno que lo confirme o contradiga.

Dos, por pura costumbre y porque “la vecina lo hace”. Las editoriales siguen usando las fajas porque las demás lo hacen. “Si la competencia las pone, ¿por qué yo no voy a hacerlo también?”.

O sea, que nadie quiere ser menos… 😉

Libros en la librería Bunkyodo, en Hamamatsucho, Tokio, Japón.

Las fajas de los libros en Japón las ubican siempre en la parte inferior del libro. Librería Bunkyodo, en Hamamatsucho, Tokio, Japón.

 

A modo de conclusión y para acabar, dejo una cita de José Martínez de Sousa sobre las fajas: “En general, su utilidad es escasa y de efectos muy pobres, por cuanto el lector la arroja en cuanto abre el libro”. (Manual de edición y autoedición, Pirámide, pág. 67).

¿Qué haces tú con las fajas de los libros? ¿Crees que influyen a la hora de comprar un libro? ¿Qué haces con ellas una vez tienes el libro que la mostraba entre tus manos?

    8 comentarios

  1. Yo las dejo tal cual.

    No las tiro pero tampoco las uso de marcapáginas.

    Las dejó ahí de adorno. Y, si como tú dices, en cada edición o tirada ponen una nueva, la que yo tengo me sirve de recuerdo, como diciendo "yo me hice con la primera". Y adorna, solo eso.

    No sé si alguien más hará lo mismo.

    Una entrada muy completa.

    Clara Piedra

    11 septiembre, 2019

    • Creo que debes ser de las únicas que guarda las fajas, Clara, porque hasta hora solo me han dicho que las usan de marcapáginas o las tiran. ¡Gracias por comentar!

      Mariana Eguaras

      12 septiembre, 2019

  2. Si el lector tira la faja en cuanto llega a su casa con el libro, esta ya ha cumplido su función, que era que lo comprase. A mí, àvida lectora, me encanta entrar en librerías o pasear por ferias del libro ver qué me encuentro, así que más de una vez y de dos me ha llamado la atención un libro por su faja. Las veo útiles.

    Diana

    12 septiembre, 2019

    • Gracias por comentar, Diana. ¿Realmente crees que el lector compra un libro por la faja, que ella es determinante en la compra de un título? La próxima vez que vea una faja bonita o que diga algo que considere original y no repita lo mismo que cualquier otra le sacaré foto 😀 .

      Mariana Eguaras

      12 septiembre, 2019

  3. Para mí han sido siempre algo así como un sombrero para el libro. Les doy un primer vistazo pero sin poner mucho interés, y luego me centro en lo que hay debajo. No suelo tirarlas, pero porque tampoco me molestan y a veces las he usado de marcapáginas.
    Muy buen artículo. Enhorabuena 🙂

    Adela Castañón

    12 septiembre, 2019

    • Me río sola porque creo que las únicas personas que las guardan y a quienes no les molestan es a ustedes. Los comentarios por las redes es que las tiran 😆 . Gracias por comentar (y por avisarme del error que había en la entrada).

      Mariana Eguaras

      12 septiembre, 2019

  4. Hola, soy editor, y cómo no, muy lector. Uso las fajas como editor y me gustan las fajas como lector. Las guardo como parte de la obra que adquirí y ocasionalmente también las uso de marcapáginas o punto d electura.

    1º "Uso las fajas como editor" cuando quiero dar una segunda oportunidad al libro, ya sea porque la tapa no es suficientemente vendedora o porque el título termina siendo "malo" y la faja refuerza en general llamando la atención sobre el lector, cosa que antes no pasaba. ¿Funciona? Sí, no para tirar cohetes, pero suponen algunas decenas más de libros que antes hubiesen pasado desapercibidos. Digamos que se trata de una pobre lavado de cara.
    2º "me gustan las fajas como lector" porque al fin esparte de la obra. Sí, es verdad, la obra es la obra, pero todo ayuda a completarla. De la misma manera que un libro se vea usado, leido, trabajado,vivido... -¡no maltratado!-, al final de su lectura, también me gusta guardarlo "completo". MAniático que es uno, oye jajajaja... Gracias Mariana, buen post.

    Humberto

    12 septiembre, 2019

    • ¡Ah, claro, Humberto! Manías tenemos todos con los libros. Yo junto "papelitos varios" (algunos libros, libritos, libretas, papeles de cartas, papeles especiales, sobres, etc., etc.) que van de un lado a otro conmigo en las mudanzas desde hace quince o veinte años y a veces me pregunto cuándo los usaré o regalaré... 😆

      Gracias por pasarte por aquí y dejar tu visión desde las dos perspectivas.

      Mariana Eguaras

      12 septiembre, 2019

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