Volcar correcciones en una maqueta puede ser una tarea altamente pesada y poco gratificante; más todavía si las indicaciones son difíciles de entender.

La introducción de correcciones en un archivo maquetado, de InDesign, es un trabajo que debe hacerse con doble cuidado.

Por un lado, hay que ser meticuloso en la introducción de una cada una de las correcciones. Y, por otro lado, atender de no desarreglar algo que está bien hecho.

Es muy común que al introducir una corrección se modifique la frase e incluso un párrafo entero. En este proceso, pueden aparecer nuevas separaciones de palabras, repeticiones de sílabas y erratas.

Además, hay que respetar el criterio adoptado por el editor sobre las correcciones. Las cuestiones que se fijaron para la corrección de estilo no pueden cambiarse en la corrección de pruebas. Caso contrario, el proceso acabará siendo un auténtico infierno para todos.

Cuando se introducen las correcciones en una maqueta ya se ha superado el ecuador del proceso de edición. Los contenidos están maquetados y las correcciones se efectúan sobre la tripa del libro, no sobre el archivo original.

Por tanto, hablamos de correcciones de ortotipografía o de pruebas, no de la corrección de estilo. Y estas se incorporarán a un archivo de InDesign, no ya en el Word u otro procesador de textos.

En definitiva, es importante indicar de manera clara y sin equívocos, pero sin florituras:

  • dónde se debe hacer la corrección;
  • qué se tiene que eliminar o cambiar;
  • qué debe ponerse en su lugar, y
  • cómo, si procede.

Cada vez más, las correcciones se hacen directamente en un archivo de ordenador y no sobre papel, como solían hacerse antes.

Esta situación hace que una entrada como esta sea posible y pertinente. Porque ayuda a aclarar las diferentes maneras de consignar correcciones al maquetador.

Opciones para señalar correcciones en una maqueta

1. El método tradicional: a mano y sobre papel

Se trata de hacer las correcciones sobre papel, a mano. Es la forma más tradicional y la que se hizo durante siglos, desde la época de los copistas.

Algunas editoriales aún siguen empleando este método. Para ello, se imprimen todas las páginas maquetadas. La tripa del libro impresa se entrega al corrector y este hace su trabajo.

Para que todos los profesionales de la edición que intervienen en el proceso comprendan las correcciones se usan unas marcas específicas.

Las llamadas, signos y señales conforman los llamados signos de corrección. En España están estandarizados bajo la norma UNE 54051:2016.

Una vez acabada la tarea del corrector, la tripa le llega al maquetador y este volcará una a una las correcciones.

En este caso, el maquetador identifica la corrección sobre el papel, busca la página correspondiente en el programa, ubica dónde debe hacerse la corrección y la efectúa.

Este proceso puede ser muy laborioso cuando hay decenas de correcciones en una maqueta de un libro. A decir verdad: es un trabajo que puede llegar a ser un auténtico coñazo.

Por eso es tan importante entregar al maquetador un archivo con el contenido lo más acabado y pulido posible para generar las primeras pruebas del libro.

Una vez realizadas las primeras y segundas pruebas se envía el PDF de la tripa para su impresión. La imprenta hace la imposición de las páginas y se efectúa una nueva revisión.

Esta corrección se trabaja sobre papel, en lo que se denomina plóter de la imprenta. Las correcciones son (o deberían ser) mínimas y se introducen directamente en la imprenta.

Correcciones a mano, hechas sobre papel

2. Listado de correcciones en un archivo de texto

A veces lo más práctico es hacer una lista de las correcciones que deben efectuarse en un archivo. Eso sí, siempre indicando la enmienda con la mayor precisión posible.

Algunas veces se emplea un archivo Excel, pero considero que es mejor un sencillo archivo de Word o un procesador de texto similar.

Una forma inequívoca y muy útil para el maquetador es indicar la página, qué se debe quitar o cambiar y qué poner en su lugar, si procede. Por ejemplo:

Fe de erratas de Publicar con calidad editorial - Cuatro pilares de la producción de un libro

¿Por qué es un método útil y ágil para el maquetador? Porque este usa la herramienta Buscar/Cambiar para encontrar el texto.

El maquetista copia el texto de Dice, lo pega en la ventana de Buscar y así lo encuentra. La corrección puede introducirla a mano o bien colocar Donde debe decir en Cambiar a y ejecutar el cambio.

Para mí, lo más práctico es usar Buscar para encontrar lo que se debe cambiar y luego hacer la corrección a mano; siempre cuidando de no trastocar el resto del contenido.

Introducir una corrección mediante la herramienta Buscar/Cambiar en InDesign

3. Señalar las correcciones en PDF

Cualquier lector de PDF permite hacer anotaciones mediante Comentarios; sin embargo, son mejores aquellos programas que ofrecen más funcionalidades que solo comentarios.

Adobe Acrobat Reader permite realizar correcciones en una maqueta en PDF mediante la herramienta Comentar.

Esta aplicación tiene varias opciones incorporadas que ayudan a la corrección; como Subrayar texto, Tachado texto, Agregar nota para reemplazar texto, Insertar texto en la posición del cursor, etc.

Herramienta Comentarios de Adobe Acrobat PDF

Estas herramientas ayudan a que las correcciones sean más nítidas y exactas.

Por ejemplo, se puede usar la herramienta Agregar nota para reemplazar texto para tachar lo que hay que eliminar y, en el comentario, escribir lo que se debe incluir.

Correcciones efectuadas sobre un PDF - Indicaciones para el maquetador

Indicaciones las justas

Las observaciones por parte del corrector, del autor y del editor deben tener las indicaciones necesarias, ni más ni menos.

Retomando lo expuesto al inicio de la entrada, las correcciones tienen que marcarse sin equívocos, pero sin florituras. Por ejemplo:

  • dónde se debe hacer la corrección: Pág. 13
  • qué se tiene que eliminar o cambiar, o qué debe ponerse en su lugar: Reemplazar maestros por mentores en “…los llamábamos maestros porque eran quienes nos daban las lecciones de vida más prácticas…” 
  • cómo, si procede: Mentores, en cursivas.

Esto significa que el exceso de datos puede dar más problemas que soluciones; también especificar las correcciones de manera rebuscada.

Mejor enviar un solo archivo de referencia con las correcciones. En el caso de que dos personas hayan hecho correcciones estas deberían unificarse en un solo archivo.

Debe tenerse en cuenta que cuanto más compliquemos la tarea al maquetador más aumentan las posibilidades de cometer errores, de generar nuevas erratas y cosas peores.

¿Te acuerdas de la página 421, que salió en blanco, en Grey? Pues eso puede pasar en un pestañeo mientras se vuelcan correcciones en una maqueta.

Tipo de indicaciones a evitar

Casos como los siguientes deberían evitarse:

Página 135: segundo párrafo, séptima línea, octava palabra, cambiar maestro por profesor.

¿Por qué? Porque el maquetador tiene que buscar la palabra cual búsqueda de un tesoro en un mapa. Además, no hay énfasis en la palabra a cambiar y ayudaría que lo tuviera.

Ya ni hablemos de casos como estos:

Página 135: segundo párrafo, cambiar maestro por profesor y ponerlo de lado.

¿Por qué? Porque en el párrafo puede haber más de un maestro y el maquetador no sabe cuál debe cambiar.

(Incluyo “de lado” porque es un hecho real: un cliente quería decirme que ponga el texto ladeado, torcido y era que lo ponga… ¡en cursivas! 😆 ).

Otra que es mejor no usar:

Página 135: arriba de todo a la derecha poner tres puntos al final del párrafo.

Es una indicación ambigua, que demanda un ejercicio de adivinación por parte del maquetista para averiguar qué se ha querido decir.

Las fotografías o capturas de pantallas con correcciones mejor obviarlas. Si se trata de dos o tres no pasa nada, pero si son varias es preferible escanear las páginas y armar un PDF.

El maquetador introduce correcciones, no corrige ni tiene por qué hacerlo.

Ten en cuenta que el maquetador no va a leer el texto con el que trabaja; no tiene que hacerlo porque no es su labor. Por tanto, no tiene que intentar interpretar lo que el corrector o el autor o editor le han querido decir.

Por eso, la indicación debe ser una directriz, un dato claro y que no se preste a confusiones. No hay que incluir preguntas o dudas sobre cuestiones que al maquetador no le competen.

Y hago mención de manera específica al maquetador y no al diseñador porque rara vez este introduce correcciones en una maqueta. A menos que el proyecto lo ejecute la misma persona, el diseño y la maquetación son áreas diferenciadas.

Comentarios como estos no deberían dejarse en las pruebas:

No sé cómo se escribe, si Los Angeles o Los Ángeles

¿Qué se usa más: suéter o jersey?

Tal vez podrían ponerse tres puntos (…) en lugar de etc.

Lo anterior es válido solo si la consulta está dirigida al editor o quien introduce las correcciones tiene el permiso para tomar una decisión al respecto.

Por ejemplo, algunos de mis clientes delegan este tipo de resoluciones en mí, porque confían en que mi criterio está en consonancia con el de ellos, y porque llevo años haciendo este trabajo.

En proyectos como los libros por encargo o los de coordinación editorial se sobrentiende que este tipo de cuestiones son resueltas por mí o alguien de mi equipo de colaboradores.

¿Cuál es el método más práctico para mí?

Todo depende de la cantidad de correcciones que sean y de la complejidad que entrañen. Así y todo, mi preferido es el listado en Word, pero empleo el que mejor se adapte.

Cuando las correcciones son pocas —unas diez, quince— pueden enviarse en un Word o directamente en el cuerpo del mensaje del correo electrónico.

Con los correctores uso las correcciones en PDF. Aunque alguno prefiera hacer las marcas de corrección sobre él, como si estuviera haciéndolas en papel; con la herramienta Dibujar a mano alzada.

Esta opción manual sobre PDF no me convence. Hay que tener muy buen pulso para indicar bien las llamadas, signos y señales y que se entiendan. Además, las correcciones no permiten dejar marca de verificación ni responder sobre ellas.

Con los autores uso el listado en Word. Más que nada porque Word lo sabe utilizar todo el mundo y es más fácil recurrir a lo que se tiene a mano y se conoce.

Con los editores, depende; a veces con la lista de correcciones y otras veces son el PDF comentado. Aunque también suele llegar cada tanto alguna corrección sobre papel o escaneado.

Autor o editor: ¿cómo envías tus correcciones al maquetador?

Corrector: ¿cómo sueles hacer las correcciones o cómo te las solicitan los clientes?

Maquetador: ¿cómo prefieres recibir las indicaciones para introducir las correcciones en una maqueta?