Hace más de una década, publiqué una entrada sobre el reparto de porcentajes de un libro impreso. Dado el tiempo transcurrido, considero necesario actualizar esa información y ofrecer una visión más detallada sobre cómo se distribuyen los ingresos entre los diferentes actores que participan en la creación y comercialización de un libro impreso.
En este contexto, cuando hablo del precio del libro, siempre me refiero al precio antes de impuestos; es decir, al precio de lista, sin el IVA del 4 %. Ambos, precio de lista e IVA, conforman el precio de venta al público (PVP).
Al igual que en el anterior, en este artículo me centro exclusivamente en los porcentajes de un libro impreso. Por tanto, no se aborda la edición digital ni los ebooks, que lo haré en una próxima entrada.
La cadena del valor del libro
Como bien dicen mis queridos Manuel Gil y Martín Gómez —quienes han sido fuente de inspiración y referencia para esta entrada— en Manual de edición «la estructura del mercado del libro analógico tiene muy poco de sofisticado. Los libros como producto viajan de la imprenta y de la editorial al distribuidor. Luego al punto de venta y allí son recogidos por el cliente de la librería. El lector va a la librería, escoge lo que le apetece leer, paga el precio marcado y punto».
Sin embargo, tras esa simplicidad que parece evidente, se oculta un intrincado entramado de procesos, talentos y perfiles diversos que dan vida al sector editorial, donde cada engranaje es esencial para que la maquinaria funcione a la perfección.
Lo que denominamos «cadena de valor del libro» es el conjunto de actividades interrelacionadas que permiten transformar un contenido en un producto —en este caso físico— listo para que el lector lo adquiera.
Cada proceso de esta cadena y el actor que la ejecuta aportan un valor añadido que optimiza el resultado. Podríamos decir que gracias a esta cadena una obra se convierte en un producto comercial.
Los principales integrantes de esta cadena incluyen al autor, la editorial, los distribuidores y los puntos de venta.
Cada uno de estos actores desempeñan un papel crucial en el proceso al aportar su experiencia y sus recursos para garantizar que el libro llegue al lector en condiciones óptimas.
Como señala Aranxta Mellado en este artículo, es esencial no confundir la cadena del valor del libro con la cadena de suministro del libro. La primera se centra en las actividades que generan valor y utilidad para el cliente final, mientras que la segunda se enfoca en la logística y la distribución del libro.
Contratos editoriales
El reparto de porcentajes de un libro impreso se define a través de acuerdos contractuales entre las partes involucradas. Primero, el autor y la editorial acuerdan los porcentajes correspondientes al autor mediante un contrato.
Luego, la editorial establece un acuerdo con la distribuidora que, a su vez, pacta un descuento con el punto de venta. En cada uno de estos contratos se determinan los diferentes porcentajes de descuentos aplicados sobre el precio de venta del libro antes de impuestos.
Cómo se reparte el pastel de los porcentajes de un libro impreso
El orden de los eslabones en la cadena de valor y ciruculación del libro es el autor, el editor, el distribuidor y el punto de venta.
No obstante, he decidido dejar al editor al final para profundizar en su papel, ya que es quien recibe ingresos por diferentes conceptos (venta de derechos, de libros, coediciones, etc.) y gestiona los descuentos sobre el precio de lista para el resto de los participantes en la cadena.
Autor
El autor es quien concibe y materializa una obra, ya sea a través de textos o de elementos gráficos, para dar forma a ideas, historias o conocimientos. La autoría puede recaer en una persona física, en un grupo de autores o incluso en una entidad jurídica. Cuando me refiero a «autor» lo hago en un sentido amplio, abarcando todas estas posibilidades mencionadas.
Tradicionalmente, se ha conocido que el autor recibe un 10 % del precio de lista del libro impreso. Sin embargo, debe tenerse en cuenta la modalidad del libro impreso, ya que este porcentaje puede descender al 4 %.
El porcentaje del 8-10 % se aplica a los ejemplares comercializados en modalidades como tapa dura, rústica, ediciones de lujo y de bibliófilo. Es importante señalar que, en los últimos años, he encontrado contratos en los que este porcentaje se ha reducido al 8 % e incluso al 7 %.
Algunos contratos prevén un escalado de porcentajes de un libro en función de la cantidad de ejemplares vendidos de este. Por ejemplo, se podría acordar un:
- 7 % para las primeras 3000 unidades vendidas,
- un 9 % para las siguientes 3001 a 6000,
- un 10 % para las que superen los 6001 ejemplares vendidos.
En los contratos, para las ediciones económicas o de bolsillo, se establece un porcentaje entre el 4 % y el 6 %. Este mismo porcentaje es el acostumbrado para ediciones ilustradas, resumidas y para escuelas, como aquellas distribuidas a través de canales como correo, organizaciones de venta directa y quioscos.
Para la modalidad club de lectores (prácticamente inexistente hoy) el porcentaje es del 6 %.
Los autores de renombre o con libros superventas superan los porcentajes mencionados y negocian tajadas más elevadas.
En todos los casos, el porcentaje se calcula siempre sobre el total estimado de las ventas de los ejemplares del título. El anticipo, si lo hay, es un adelanto sobre las ganancias futuras derivadas de esas ventas. Las ganancias por las ventas de los libros se pagan mediante liquidaciones.
Por otro lado, los autores que cuentan con una agencia literaria deben deducir entre un 15 % y un 20 % de su porcentaje.
Coautoría
En publicaciones con autoría compartida, el porcentaje también se distribuye entre los coautores. La coautoría se refiere a la creación conjunta de una obra entre dos o más personas, sea en la generación gráfica o textual del contenido.
Por ejemplo, en libros infantiles, donde el ilustrador y el autor del texto tienen igual participación, el porcentaje se reparte equitativamente. De este modo, si el contrato establece un 8 %, cada uno recibiría un 4 %. La misma lógica se aplica a cualquier libro de ficción o no ficción escrito a dos manos.
Obras por encargo
Cuando se trata de libros encargados por la editorial, donde la idea surge de esta y se contrata al autor para escribirla, el acuerdo suele ser distinto. Puede emplearse la remuneración con anticipo y regalías, pero también prescindir de estas y la editorial pagar a tanto alzado.
En este caso, el autor recibe un pago fijo por su trabajo, sin derecho a anticipos ni a los beneficios derivados de las ventas del libro. Viene a ser un servicio de redacción que la editorial encarga, como el de corrección o maquetación.
En la cadena de valor, hoy en día, el autor no solo provee la obra que se transformará en libro, sino que también asume una parte significativa en la difusión y promoción de su obra. En muchos casos, el esfuerzo del autor en estas áreas supera incluso al de la editorial.
Derechos derivados
Para los derechos de traducción de una obra a otro idioma, es común recibir el 8 % de las ventas del libro en la región o país donde se comercialice la traducción.
Los derechos que puede percibir un autor en concepto de derechos de formación, adaptación audiovisual y coediciones, entre otros, es variable y depende de diferentes factores.
Hay otros porcentajes que se negocian en el contrato entre un autor y la editorial que se detallan más adelante.
Distribuidor
La función de un distribuidor de ediciones es actuar como intermediaria entre las editoriales y los puntos de venta.
Es el responsable de que los libros lleguen a las librerías, grandes superficies, hipermercados, tiendas en línea y otros establecimientos comerciales.
La comisión de las distribuidoras mayoristas de libros oscila entre el 55 % y el 60 %, de la cual una parte se destina a los puntos de venta, que reciben entre un 25 % y un 40 %.
Además de la distribución, el distribuidor también se encarga del almacenamiento, la logística y la comercialización de libros de diversas editoriales.
En el pasado, los distribuidores desempeñaban una labor comercial más extensa, pero su papel ha evolucionado. Esta disminución ocurre porque, con el auge de diversas plataformas digitales, las editoriales ahora tienen una comunicación más directa con el lector.
Punto de venta
Un punto de venta es cualquier lugar físico o virtual donde se exhiben, promocionan y venden libros al consumidor final.
Entre ellas encontramos librerías, grandes superficies, hipermercados, tiendas en línea y quioscos. También tiendas especializadas y de regalos, centros culturales y educativos, y en máquinas expendedoras en estaciones de tren o metro.
El porcentaje que recibe el punto de venta varía entre el 25 % y el 40 %, dependiendo del tamaño de la librería y de si forma parte de una gran cadena o no.
La editorial también es un punto de venta cuando participa en ferias del libro o eventos similares, ya que efectúa la venta directa al lector. En este caso hay que tener en cuenta que la editorial no cede porcentaje al distribuidor.
Este actor de la cadena de suministro es quien se encarga de exhibir, promocionar y vender los libros al comprador. Son estos puntos los que gestionan el cobro del libro y, al concretar la venta, inician la cuenta atrás para la aplicación de los descuentos convenidos entre las partes.
Editor
El editor desempeña un papel clave en la cadena de valor del libro, ya que se encarga de coordinar y supervisar todo el proceso editorial. Es el responsable de varias funciones, desde la selección y adquisición de manuscritos hasta la publicación y distribución del libro.
Es el editor quien se queda con el porcentaje restante que no perciben ni el autor ni el distribuidor. Si el autor recibe entre el 4% y el 10% y los distribuidores y el punto de venta entre el 55 % y el 60 %, el editor obtiene lo que queda, entre un 30 % a 35 % del precio de lista.
Este porcentaje es aplicable en tanto tomamos como ejemplo un único libro, pero hay otros descuentos que la editorial aplica en función de la modalidad, el contexto, etc.
Sus responsabilidades incluyen la evaluación de originales, la planificación del proyecto editorial, la contratación y la coordinación del proceso de corrección, edición, diseño, maquetación, producción y, en muchos casos, la estrategia de marketing.
Las labores de la producción editorial se efectúan, en gran medida, con la ayuda de profesionales autónomos, ya que las plantillas internas se han reducido considerablemente o eliminado.
El editor asume la totalidad de los costes relacionados con el proceso: generales, financieros, comerciales, de producción, algunos logísticos, etc.
Otros porcentajes y descuentos habituales cedidos por el editor
Además de los porcentajes ya mencionados, existen otros descuentos y comisiones que forman parte del entramado del mundo editorial y que una editorial concede.
Un ejemplo es el descuento que la editorial da al autor cuando este desea adquirir ejemplares de su libro. Este descuento es del 40 % sobre el precio de lista.
La venta directa al cliente final es la que más beneficios genera para la editorial. En España, la ley permite un descuento máximo del 5 % del precio de venta al público (PVP). Esto significa que la editorial retiene para sí el 95 % del precio de lista en estas transacciones.
Cuando la editorial efectúa una venta directa a un punto de venta, sin la intermediación de un distribuidor, el descuento aplicado suele estar entre el 40 % y el 50 %.
Los libros destinados a préstamo bibliotecario, que la editorial vende directamente a las bibliotecas, suponen un 15 % de descuento. Cuando la venta es para empresas o instituciones, el descuento pivota entre el 30 % y el 50 %.
Otro aspecto importante es el saldo de libros; es decir, la venta de ejemplares que no se han vendido y cuyo destino es la destrucción. En estos casos, es habitual que la editorial aplique descuentos muy elevados, que oscilan entre el 90 % y el 95 % del PVP, con el fin de dar salida a los libros y evitar su quema.
Por otro lado, cuando la editorial vende a distribuidores o cadenas de librerías extranjeras, el descuento fluctúa entre el 60 % y el 70 %.
Derechos derivados
Finalmente, existen otros porcentajes que no dependen del precio de venta del libro impreso, sino de la cesión de derechos de las obras a terceros o de su explotación en otras modalidades.
Son los denominados derechos derivados que se generan a partir de la explotación secundaria de una obra original. Estos derechos permiten a su titular obtener ingresos adicionales mediante la adaptación o transformación de la obra a otros formatos o medios.
El ejemplo más común es el derecho de traducción, que permite publicar la obra en otros idiomas. Otros derechos son los que facilitan las adaptaciones cinematográficas o televisivas y adaptar la obra para su representación en teatro, radio u otro formato de actuación en vivo.
Asimismo, los derechos de merchandising permiten utilizar elementos de la obra en productos comerciales como juguetes, ropa o accesorios. Por último, los derechos de adaptación digital posibilitan convertir la obra en formatos digitales como audiolibros, videojuegos o aplicaciones.
Los porcentajes correspondientes a estos derechos se especifican en los contratos editoriales y pueden variar según las condiciones pactadas entre las partes.
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Hola Maraiana.
Como siempre información clara y directa. Yo tengo una pregunta sobre un caso que no se ha mencionado. En editoriales de ensayo (Cátedra, Abada, Trotta, entre otras) se publican obras que son curadas y comentadas por expertos a quienes se les etiqueta como «editor/a». Lo que yo imagino es que estos expertos trabajan sobre lo que las editoriales les brindan, es decir, si van a publicar un texto de Aristoteles, la editorial prepara todo el trabajo referente al texto y este texto se le brinda al experto/editor quien agrega notas a pie o una introducción. Porque imagino que este experto no hace el trabajo editorial en sí, sino que ayuda a curar el texto. En todo caso este experto no es parte de la editorial.
Mi pregunta es la siguiente: ¿Este experto/editor recibe un porcentaje del PVP como si fuera autor o se le paga como un servicio externo?
Hola, Marcelo:
Todo depende del arreglo al que llegue entre editor/curador y la editorial, mediante un contrato. Es habitual reconocer la autoría de los textos añadidos (por ley deben hacerlo) y pagar a tanto alzado, por el servicio brindado, contra factura; es un modo por el que el editor se asegura cobrar una cantidad de dinero por su trabajo al acabar este y la editorial se ahorra hacer liquidaciones.
Que la editorial dé la base al editor es el proceso lógico y deseado, pero yo no lo daría por sentado (a mí me ha tocado trabajar con obras que me indicaban de dónde tomarla —URL— y la limpieza del documento original tenía que hacerla yo).
Gracias Mariana por la respuesta. Recordando la lista de ‘Tipos de editores’, ¿en que apartado irían estos editores’
Podría ser «editor crítico», pero también cualquier otra denominación: la que se convenga con el profesional o la que la editorial quiera.
Buenas tardes Mariana.
Sabes si en el caso de los audiovisuales u otros documentos que prestan las bibliotecas el porcentaje de descuento es también de un 15%. Gracias
No sabría decirte, Ana. Considera que el sector audiovisual tiene reglas y parámetros diferentes al editorial.