Con el ánimo de desmitificar algunos tópicos, me decidí a escribir esta entrada sobre maquetación editorial en relación con las tarifas de este servicio.

«La maquetación me resulta cara» o «Como la maquetación es fácil la haré yo» son algunas de las frases que oímos* de quienes no saben (o no valoran) el trabajo que hay detrás de la composición de un libro.

Por ello, con este artículo me propongo desmenuzar los factores que influyen en los presupuestos y las tarifas de una maquetación. Porque se trata de bastante más que tirar el texto y dejarlo bonito, ya que abarca más que solo maquetar o poner en página.

Aunque me centre en la composición de publicaciones, en realidad, es un texto válido para considerarlo con cualquier servicio.

Lo que aquí explico tiene base en la experiencia propia y en la ajena, así que no está exento de errores o de caminos bifurcados.

El objetivo es informar y dar relevancia a un trabajo que, por ser casi imperceptible —si está bien hecho—, no se valora como otros.

* Cuando hablo en plural no lo hago en el sentido mayestático del pronombre; hablo en plural porque la gran mayoría de las veces los proyectos los ejecuto en colaboración con otros profesionales.

Qué se conoce cómo puesta en página

La puesta en página es otro modo de denominar a la maquetación de un libro.

La editora Patricia Piccolini, en De la idea al libro (FCE, 2019), afirma que «es la etapa que se conoce como diagramación, armado o maquetación«.

La autora aclara que prefiere usar este término, puesta en página, y no maquetación para no confundir esta fase del proceso de edición con el de la elaboración de la maqueta, propio de la fase de preedición.

Sobre esta diferenciación me explayé hace más de siete años aquí.

En ella, hago referencia a los servicios diferenciados de diseño y maquetación editorial; además de puntualizar en la creación del archivo máster.

Ejemplos en los que puede intervenir la puesta en página

Aunque el diseño, la maquetación editorial y la creación del archivo máster son trabajos bien diferenciados, con frecuencia se desarrollan como partes de una misma tarea.

A continuación, incluyo tres casos prácticos a modo de ejemplo:

Ejemplo 1: informe en catalán

Este año soy la encargada de poner en página el Informe de la comunicació a Catalunya 2019-2020.

El diseño se estableció cuando se creó la colección y se utilizan como base los archivos del número anterior. Por tanto, el archivo máster para la última edición del informe ya existe.

Si bien efectúo algunos retoques y creo scripts específicos para agilizar la composición, la maqueta base está creada.

Aquí, el servicio de maquetación editorial es el único requerido.

Ejemplo 2: libro de no ficción en castellano

La semana próxima se presenta un libro que acaba de publicar un gran grupo editorial.

La empresa de servicios editoriales que coordinó el proceso entre autor, editor y promotor de la publicación necesitaba componer el libro en tiempo récord; de ahí que contactaron conmigo para saber si podía asumir el trabajo.

Se contaba con el diseño del libro y los elementos gráficos propuestos por una diseñadora. Sin embargo, no existía un archivo de maqueta configurado con los estilos de párrafos y de carácter. Tampoco con una biblioteca de objetos a pesar de que el original incluía distintos tipos de recuadros, gráficas y tablas.

Aquí, además del servicio de maquetación editorial, se sumó el de creación y configuración el archivo máster de este libro.

Ejemplo 3: agenda institucional

El año pasado, el Ministerio de Ciencia e Innovación me contrató para desarrollar una agenda institucional para este año. El proceso, de forma resumida, consistió en:

1. Desarrollar dos bocetos de diseño, con estilos estéticos diferentes, de los que se seleccionó uno sobre el que comenzamos a trabajar.

2. Crear desde cero un archivo en InDesign con diferentes secciones (páginas maestras), estilos, etc., como base y al que luego se le aplicaron algunas modificaciones.

3. Maquetar los contenidos que consistían en diferentes tipos de textos (informativos, citas célebres y extractos de informes) y las imágenes más algún elemento gráfico.

En este caso, los servicios contratados fueron tres: el de diseño, el de creación de la maqueta y la composición o puesta en página.

Agenda 2021 - Ministerio de Ciencia e Innovación, realizada por Mariana Eguaras - Consultoría editorial

Que un presupuesto contenga uno, dos o los tres servicios dependerá de lo que requieras y necesites.

En libros sencillos, los tres servicios se agrupan y se tarifan de forma conjunta; no es el caso que se aplica a proyectos que son complejos en tiempo y forma.

Pero además de lo anterior, hay muchos otros factores relacionados con el valor de los servicios que, por ser en parte intangibles o de difícil medición, no se detallan en un presupuesto, pero están y deben ser siempre contemplados.

Sin ellos no podríamos brindar el servicio ni ejecutarlo, ni hacerlo de manera legal. Me refiero, de manera específica, a las cuestiones que detallo a continuación.

Composición de una tarifa de maquetación editorial de cualquier publicación

Cuando un profesional o una empresa proporciona una tarifa de maquetación al cliente, este debe ser consciente de que esa cifra no es toda ganancia para quien la ejecuta.

Sí, lo dicho es una rotunda obviedad; sin embargo, muchos lo olvidan o no lo tienen en cuenta. De ahí la necesidad de hacerlo patente.

Un presupuesto de maquetación editorial engloba las siguientes cuestiones:

  • La faena propiamente dicha: la puesta en página de los contenidos.
  • La incorporación de correcciones.
  • El tiempo mínimo de atención al cliente.
  • Los insumos y equipos de trabajo: electricidad, internet, teléfono, etc., además de ordenadores, impresora, escáner y discos externos, entre otros.
  • Los gastos específicos: programas de edición y suscripciones a plataformas.
  • Los impuestos aplicables.

1. El trabajo en sí: la maquetación editorial

El trabajo en sí del maquetador, que depende del proyecto y de lo que se acuerde con el cliente.

Una definición corta y básica es la de poner en página los elementos textuales y gráficos que componen el contenido de una obra.

Las tareas específicas, obligaciones y responsabilidades de este profesional quedan para otra ocasión.

Hacer este trabajo, como cualquier otro, no incluye explicar cómo se hace. Para aprender y comprender todos los detalles de cada trabajo es mejor seguir un curso de formación.

Para aprender a maquetar publicaciones existen numerosos cursos, licenciaturas y másteres, como bibliografía específica.

Sí se argumenta por qué se aplica un criterio u otro al cliente, y se responden algunas inquietudes concretas que puedan presentar.

Para comentar y desarrollar los pasos de una maquetación y los pormenores de la faena es mejor concertar una cita para una sesión de asesoramiento (si estás interesado, escríbeme).

2. El volcado de correcciones en la maqueta

Se corrija varias veces o ninguna, los archivos que recibe el maquetador deben ser los definitivos.

La obra que se envíe a maquetar siempre debe estar revisada y ser la última versión confirmada por el autor.

Cualquier trabajo de maquetación editorial incluye la incorporación de correcciones relacionadas con el contenido en un determinado porcentaje.

Si la primera corrección ortotipográfica se realiza después de maquetar, debe quedar explícito con claridad en el pedido de presupuesto. Esto se debe a que la incorporación de las correcciones, su cotejo y el tiempo empleado es bastante mayor que si la corrección se hace antes en Word.

Además de que los movimientos de composición que se producen por agregar, reemplazar o quitar palabras o fragmentos obligan a remaquetar páginas.

Todo ese trabajo debe tener su reflejo en la tarifa.

3. La atención al cliente

Del mismo modo, recibir y contestar correos, llamadas de teléfono y videoconferencias también se incluyen en la tarifa, debido al tiempo y la dedicación que requieren.

4. Los programas de edición (de texto, de imágenes, etc.)

El uso de software tiene un coste y estos servicios suponen incrementos en el coste de producción que debe repercutir en la tarifa.

Y todo eso sin contar con el resto de las herramientas que, de un modo o de otro, participan en el proceso productivo y también tienen un coste; como el antivirus, programas de seguridad o respaldo, almacenamiento en la nube, etc.

Es difícil prorratear qué porcentaje de estos gastos asignamos a un proyecto; sin embargo, no debemos obviar el gasto mensual que significan en nuestras cuentas.

5. Gastos de insumos y equipos

Prorratear en un presupuesto los costes de los insumos también es complicado, pero no por eso hay que ignorarlos.

Sin ellos no podemos hacer nuestro trabajo. Por tanto, hay que imputar, aunque sea un nimio porcentaje, de electricidad, teléfono e internet.

Y lo mismo ocurre  con las máquinas (hardware) que precisamos para trabajar, ya que se amortizan.

Según cada contexto, estos pueden ser ordenadores, teclados, impresoras, escáneres, discos duros, lámparas, mesas, sillas de trabajo, etc.

6. Otros costes imputables

Existen otros costes que, según el proyecto, también es justo añadir a la tarifa de un servicio de maquetación, como ser:

  • las fuentes con copyright, cuya licencia debe pagar el cliente (solemos comprarlas en su nombre por facilitar la gestión);
  • los archivos vectoriales y las fotografías de bancos de imágenes de pago;
  • las suscripciones a almacenamiento en la nube;
  • los dummies, monos o maquetas;
  • otros (que siempre los hay).

7. Impuestos

Más o menos porcentaje, en todos los países se pagan impuestos. En España se paga un porcentaje, que aumenta cuanto más se gana.

Al facturar un trabajo, el profesional autónomo no se queda todo el monto. En toda factura hay que restar el 15 % en concepto de IRPF y esa cantidad va directamente a Hacienda; si el cliente es un particular, no se sustrae esa cantidad, pero eso solo quiere decir que el impuesto se pagará en otro momento, mediante las declaración trimestral o en la anual.

Y, por supuesto, en la declaración de la renta anual se ajustan las cuentas (nunca mejor dicho), de manera que habrá que pagar o se recibirá dinero de vuelta como cualquier otro ciudadano.

Por otro lado, el freelance paga la «cuota de autónomos» mensual, de casi 300 euros (la mínima).

En cuanto al IVA, es una cantidad que el autónomo no se queda, sino que como lo cobra lo paga a Hacienda. Lo mismo sucede si es una empresa la que factura, además de pagar los correspondientes impuestos como tal.

Todo lo anterior no solo es aplicable a la composición de libros, sino también a otros servicios editoriales; incluso a muchos otros servicios que no tienen relación con las publicaciones.

Escritores, editores, correctores, traductores y revisores; scouts, agentes y críticos literarios; dibujantes, ilustradores, infografistas, cartógrafos y fotógrafos; redactores, blogueros, formadores y profesionales del marketing y la comunicación editorial, por citar solo algunas profesiones, se encuentran en la misma situación.

Tengámoslo siempre en cuenta, seamos los proveedores o los clientes de estos servicios.

Dos apuntes más sobre maquetación editorial

Lo bueno, bonito y barato no existe. Es un mito; ficción, para entendernos entre gentes de libros.

Si es bueno y bonito no puede ser barato; si es bonito y barato no puede ser bueno. La estrategia BBB siempre es una estrategia perdedora, para quien da el servicio, pero sobre todo para quien lo recibe.

Por tanto, si alguien pide un servicio barato, hará bien en prepararse para recibir un resultado también barato.

Otra cosa es que no tengamos suficiente presupuesto para lo que queremos o que se pidan facilidades de pago. En el primer caso, puede prescindirse de una parte de los servicios, y en el segundo se conviene el mejor modo para las dos partes.

Cómo se tarifa una maquetación

Es habitual tasar el trabajo de una maquetación editorial por cantidad de páginas. A una página maquetada se le asigna una tarifa X en euros, dólares, pesos o la moneda que corresponda.

En el caso de una coedición editorial de libros complejos la tarifa no presenta complicaciones porque el libro ya tiene prefijada la cantidad de páginas finales.

Sin embargo, en libros sencillos y únicos, a mi modo de ver, sí presenta un factor que solo podemos conocer al final.

Eso quiere decir que hay proyectos en los que ni el cliente ni el profesional conocen desde un principio el valor final del trabajo.

Gracias a la cantidad de libros que he producido logré definir una variable. Con ella y el original de la obra determino de antemano la cantidad aproximada de páginas finales que tendrá la publicación. Este cálculo tiene un margen de error de diez páginas arriba o abajo.

Esto me permite ofrecer un presupuesto con una cifra cerrada, fija, sin sorpresas y en las condiciones que establezcamos con el cliente.

Respetar el original y el trabajo del autor

Cada proyecto es único y, por eso, en la consultoría no enviamos un presupuesto hasta contar con ciertos datos del proyecto.

Escribir una obra es un trabajo titánico que demanda disciplina, esfuerzo, constancia, conocimiento, tiempo y mucha paciencia.

Remitir presupuestos bien calculados le asegura al cliente que podremos dedicarnos a ese libro como se lo merecen él y su autor.

Ahora se verá más claro que hay una información que es imprescindible obtener desde un principio para abordar cualquier proyecto con profesionalidad

Desde mi punto de vista, para una maquetación editorial deben conocerse los siguientes aspectos:

1. El tipo de manuscrito y el contenido: ¿el original solo es texto o además está compuesto por elementos gráficos, como imágenes, ilustraciones, etc.? Por lo general, una novela no es igual que un recetario, ni un poemario es igual a un catálogo de productos.

2. Su extensión: del texto, en cantidad de palabras o matrices y cantidad de los elementos gráficos. La cantidad de páginas es un dato insuficiente por sí mismo.

3. Otras características: si hay que rehacer, unificar o retocar la estética de los elementos gráficos; si hay que retocar fotografías o si el interior será a color o escala de grises, entre otros aspectos relacionados con el grafismo.

Si el libro es una novela, por ejemplo, bastará con tener los dos primeros datos, mientras que si el libro es más complejo también se necesita la información restante.

Atención: la maquetación editorial no incluye agregar, sustituir, suprimir ni adaptar textos; para esto existen las labores de edición y de corrección.

Si solo se contrata la maquetación, otros servicios, como la adaptación de los textos, el diseño de cubiertas y el asesoramiento, quedan excluidos.

¿Por qué? Por la misma razón que pactar con un fontanero el arreglo del fregadero de la cocina no es igual que contratar una cuadrilla para cambiar las cañerías y reparación de las paredes de toda la vivienda.

De un proyecto a otro, el conocimiento, el tiempo y la dedicación son desiguales pueden ser muy diferentes; por lo tanto, el resultado final también lo será.

Para finalizar, y por todo lo dicho hasta aquí, las tarifas fijas de una maquetación editorial son un tiro en el pie, cuando no en los dos…

Anunciar que una maquetación editorial cuesta, supongamos, 200 euros es un suicidio para el maquetador y una tomadura de pelo para el posible cliente.

¿Qué sucede si el maquetador pensó en una novela de 45 000 palabras y la del cliente tiene 120 000? ¿Y si, además, ese original tiene cien notas al pie, párrafos a bando, diálogos y frases destacadas? Ya ni hablemos si se suman imágenes o, para más susto, gráficos y tablas a los que hay que unificar la estética.

Tanto si eres receptor o proveedor de servicios, espero que esta entrada haya sido útil para valorar tu trabajo y el de otros. ¿Qué experiencias has tenido sobre algunos de los puntos abordados aquí?