Servicios editoriales profesionales: conocimiento, tiempo y dedicación que redundan en calidad

Mariana Eguaras noviembre 29, 2018 @ 6:06PM

Por el 28 Nov, 2018 | 19 comments

 

Esta entrada es de esas que ayudan a explicar algunos asuntos propios de esta profesión y, de paso, a hacer un poco de catarsis…

El ánimo de este artículo es ayudar a concienciar sobre lo que se suelen denominar servicios editoriales profesionales.

Tanto para clientes como para profesionales de la edición, hay unas determinadas implicaciones en estos servicios que creo deberían considerarse.

Por eso, en esta entrada quiero abordar cuestiones que versan sobre:

1. la profesionalidad de los servicios y de las personas que los brindan;

2. los diferentes tipos y el volumen de servicios editoriales, y

3. el tiempo de ejecución de estos servicios.

La cantidad de servicios editoriales que se pueden ofrecer van desde uno a decenas, y dependen de:

  • lo que el cliente quiera o necesite;
  • el tiempo con el que se cuente para llevarlos a cabo, y
  • de lo que el cliente esté dispuesto a pagar por ello.

Estas tres variables deben imbricarse lo mejor posible para sacar adelante un trabajo y todos quedar la mar de contentos.

La cantidad de servicios editoriales varía según la complejidad de la publicación. Se entiende que una novela requiere menos servicios que una enciclopedia.

Un libro sencillo implica menos servicios, menos tiempo y menos cantidad de profesionales trabajando en y con él que uno complejo.

 

Ejemplo de servicios implicados en la producción de un libro

Pensemos en un libro complejo, como un libro de texto escolar. En una publicación hecha por encargo como esta pueden intervenir, al menos, los siguientes servicios editoriales:

  • Coordinación del proceso de edición.
  • Búsqueda y contratación de:
    • autor/es para los textos;
    • traductor/es;
    • editor/es;
    • revisor/es técnico/s;
    • fotógrafo/s (o se pactan precios con los bancos de imágenes);
    • ilustrador/es y dibujante/s;
    • cartógrafo/s;
    • infografista/s 2D y 3D.
  • Gestión de aspectos legales y de derechos.
  • Corrección de estilo, ortotipográfica y de pruebas.
  • Diseño editorial, del exterior (cubiertas) e interior del libro.
  • Maquetación, composición o puesta en página de los contenidos.
  • Revisiones de pruebas: varias y constantes.
  • Gestión con la impresión: de presupuestos, de artes finales, de comprobación de archivos; revisión de pruebas de impresión y de plóters, etc.

Además, previo a todos estos servicios se habrá desarrollado un diseño conceptual de la publicación; algo que lleva su tiempo y muchas decisiones a determinar.

Es decir, el espectro de los servicios editoriales profesionales es muy amplio; incluso puede incluir la publicación en línea y, con ello, se adicionan más servicios aún.

Por ejemplo, el diseño de hojas CSS, la creación de estructura y etiquetas HTML y la adición de metadatos, entre otros.

Además, la carga de archivos en las tiendas y la corroboración del funcionamiento del ebook en distintos dispositivos de lectura.

 

1. Servicios editoriales profesionales: ¿cómo si no?

Es redundante hablar de servicios editoriales profesionales. Se debería entender que la profesionalidad está incluida siempre en cualquier servicio que se brinda.

Sin embargo, la aclaración es pertinente por situaciones irreales como las siguientes:

“Corrección + maquetación de libro en tapa blanda y digital + booktrailer + promoción por 99 euros”.

“Diseño de cubierta personalizada para papel (con solapas) y digital por 50 euros”

“Portada completa (con contraportada, lomo y solapas) – 2/3 propuestas + Promoción en redes por 90 euros”

“Correcciones de textos baratas + maquetación ebook de regalo”

Algo falla en estas ofertas: las personas que ofrecen paquetes de servicios de este estilo no pueden hacerlo de manera profesional o bien regalan su tiempo y conocimiento.

Es simple: no cuadran el tiempo ni la dedicación que demanda cada uno de estos servicios. Y esto sin considerar el grado de conocimiento y pericia para llevarlos a cabo.

Uno puede poner muchísima voluntad y esfuerzo en ejecutar algo, pero el conocimiento es necesario. Toda sapiencia es adquirible, pero no en dos días ni para salir del paso.

O sí pueden hacerlo de forma profesional, pero sacrificando su tiempo y habilidades. Y todos sabemos que esta es una situación insostenible. (Mejor no hablemos de la pauperización de las profesiones relacionadas con la edición…).

¿Durante cuánto tiempo se pueden ofrecer servicios que no pagan cuentas? ¿Por qué crees que empresas que surgieron ofreciendo servicios a precio de ganga en unos meses o un par de años dejaron de existir?

De alguna pata se cojea…

Situaciones como las descritas más arriba difícilmente ejecuten servicios editoriales profesionales.

Para resumir, es así porque se dan algunas de las siguientes variables, cuando no todas:

  • el tiempo que se dedica a cada servicio no es suficiente; por tanto, es incompleto o deficiente;
  • no se efectúan uno o más servicios de los incluidos en la oferta;
  • se hacen los servicios “por arriba”, con un “vistazo” o “un golpe de clic” (digamos, una versión light y sui generis);
  • la persona que ofrece estos servicios no necesita dinero para vivir, hace los trabajos por altruismo y cobra “alguito” para que el cliente no se sienta mal. (Aclaro que es ironía, por si alguien no lo pilla).

Es mucho más profesional decir “no sé usar tal programa, pero puedo aprenderlo en un par de semanas”. O “no tengo conocimientos para ejecutar tal cosa; sin embargo, conozco quién puede hacerlo y ayudarme”.

Incluso es más profesional rechazar un trabajo si no se sabe cómo hacerlo. No solo es una actitud profesional, sino que además es honesta.

Servicios editoriales profesionales: conocimiento y dedicación  
Y, de paso, cuña de mi libro. 😆

 

2. Más cantidad de servicios implica más dinero

A veces pedimos presupuestos sin tener referencias de la cantidad de servicios que pedimos ni de las tarifas. Todos lo hacemos, en diferentes áreas, y es lógico que no se conozcan estos detalles.

Cuando nos solicitan un presupuesto es, justamente, para pedir tarifas sobre determinados servicios; o bien para facilitarnos datos concretos y dar un precio a los paquetes de edición y publicación que ofrecemos.

Ahora bien, tenemos que reparar en que a mayor cantidad de servicios mayor será el coste.

Si pedimos un presupuesto para pintar la casa el precio será uno; pero si, además, consultamos para cambiar el suelo y renovar los baños el coste será otro. Los mismo aplica para los servicios editoriales.

Quien pide presupuesto a veces se sobrecoge de que los servicios son muy caros. Si se analiza la situación, en realidad no es que sean caros, simplemente son muchos. Si han solicitado un paquete que incluye siete u ocho servicios, obviamente, este será más caro que uno con solo dos.

Por otro lado, en Internet hay cientos de páginas con tarifas. No es difícil tener una idea de cuánto puede costar publicar un libro según los servicios que se requieren.

Solo hay que dedicar un poco de tiempo a navegar, seleccionar cuatro o cinco páginas y comparar precios.

Por este motivo creé los paquetes de edición y publicación de libros; para que el visitante cuente, al menos, con una referencia económica de la cual partir.

Y debes comparar precios a la luz de lo que ofrecen y de los resultados

Sí. Porque si solo te guías por el precio de los servicios editoriales no puedes exigir calidad y dedicación.

Las tres B —bueno, bonito y barato— van bien como argumento de mercadillo, pero no para editar un libro.

Los paragones son siempre muy útiles para que otra persona conozca cómo funciona algo. Si tú dices “editar un libro es como ir a comprar un coche” se entiende más fácil.

Con seguridad, antes de acudir a diferentes concesionarios uno ya se hace una idea de lo que quiere. Y esto es porque ha hecho un trabajo previo.

Para ello, se han estado viendo varios coches en la calle, en revistas, en la web del concesionario, etc. También se evalúan diferentes marcas y se piden opiniones a conocidos o amigos.

No se va al concesionario y se dice: “Quiero un coche, ¿cuánto me sale?”. Hay que facilitar características, saber qué incluye y que no, cuánto cuestan los extras, etc.

Con un libro sucede lo mismo que con un coche

Sí. Hay una base de la cual se parte, pero los extras hacen que el coste de edición se eleve.

Un diseño de cubierta y una maquetación tienen una tarifa; si se demanda, además, una corrección ortotipográfica, el coste aumentará. Y más aún si se adiciona una corrección de estilo.

Por eso los libros por encargo tienen un coste de edición bastante más elevado que una novela o un libro de superación personal.

Lo mismo sucede con los libros producidos especialmente para conmemorar el aniversario de una empresa, o los libros puramente corporativos.

Este tipo de publicaciones suelen ser producidos por packagers o empresas de servicios editoriales como esta consultoría.

Es una tranquilidad para el cliente delegar el trabajo en un solo referente; además conocedor del oficio y con experiencia en este tipo de trabajos.

 

¿Cómo conocer resultados si nunca trabajamos juntos?

Más arriba, hice mención a que deberíamos comparar tarifas en relación con lo que ofrecen y con los resultados.

Pero ¿cómo conocer cómo trabaja un profesional o empresa si no se ha tenido relación profesional o laboral con ellos?

Hay varias formas y, algunas de ellas, son:

  • Indagar en Internet: no solo en la página oficial del profesional o de la empresa, sino también en sus perfiles.
  • Analizar qué hace en las redes: cómo se comporta ante una consulta, cuál es el tono de las publicaciones. Ej.: alguien que agrede en las redes sociales de manera constante raramente no vaya a hacerlo contigo.
  • Pedir referencias a otras personas o empresas que hayan trabajado con él/ella; más de una, para poder comparar. Ej.: escribe un correo electrónico a un cliente del profesional con el que te gustaría trabajar y pregúntale.
  • Verificar afirmaciones y corroborar que son ciertas. Ej.: si te dicen que “tu libro estará en El Corte Inglés”, busca un autor que publique con esa editorial, ve a El Corte Inglés a comprar su libro y verás si puedes llevarte un ejemplar o no.
  • Guiarse por la intuición: si algo no te cierra o no te convence, no trabajes con él/ella; porque comenzarás la relación con mal pie y acabará en disgusto.
  • Solicitar muestras de trabajos: según el tipo de servicio, el posible cliente puede solicitar alguna muestra del trabajo que se hace. Ej.: un par de páginas corregidas, para evaluar el nivel de intervención que necesita el texto; o páginas maquetadas de diferentes libros para apreciar la calidad del trabajo.

Por suerte, casi la totalidad de los proyectos con los que trabajé han sido satisfactorios.

Ejemplo de ello es que muchos de los clientes repiten y vuelven a elegirme para trabajar con ellos. Y con algunos tengo el placer de trabajar juntos desde hace años.

Y he escrito “casi” porque también es cierto que algunos proyectos se torcieron, por motivos variados.

He tenido casos de imprevistos personales y cancelé o derivé el trabajo; un par en los que el cliente pedía más de lo que estaba dispuesto a pagar y alguno porque un proveedor me dejó en la estacada.

Lo importante —creo yo— es saber reaccionar y ofrecer una solución al cliente, sea derivando el trabajo en otro profesional o buscando un nuevo proveedor.

También poniendo los puntos sobre las íes e incluso dar por finalizado el trabajo y no cobrar el resto adeudado.

Servicios editoriales profesionales: más servicios es igual a más dinero

 

3. Tiempo de ejecución de los servicios editoriales

Del mismo modo que más servicios implican más costes, también más servicios insumen más tiempo de realización.

Verdad de Perogrullo, ¿a que sí? Sin embargo, a veces no nos percatamos de ello y es necesario hacerlo notar.

No se puede realizar una corrección de estilo de cincuenta mil palabras en tres días, ni una maquetación de quinientas páginas en dos jornadas; tampoco un diseño de cubierta en un día, por más que se tenga la foto.

Diseñar una cubierta no consiste en poner la foto, el título del libro y el nombre del autor. Para hacer esto, sinceramente, no hace falta un diseñador; esto lo hace mi madre con PowerPoint o con Word.

Maquetar un libro no es tirar el texto, hacer que se vea más o menos bien y asegurarse que no queden viudas y huérfanas; esto podría solventarse solo con los estilos.

Tanto uno como otro servicio requieren de habilidades y conocimiento específicos para ser ejecutados de modo adecuado. Igual con las correcciones y cualquier otro servicio editorial.

Porque hacer una corrección no es “echar un vistazo” o “dar una leída para ver si hay algo”; eso se lo podemos dejar al corrector de Word o a la corrección dinámica de InDesign.

En el aspecto tiempo también interviene la profesionalidad, la responsabilidad y la honestidad.

Todos los servicios editoriales demandan un tiempo de ejecución y otro de revisión. Algunos incluso de verificación, como es el caso de los textos científicos y las bibliografías.

Un trabajo efectuado a destajo acaba siendo un proyecto mal hecho; además, hay altas probabilidades de que las partes queden insatisfechas.

Diferente es “ajustar las tuercas” y lo que se pautó ejecutarlo en 20 días se haga en 17 o 18. Y esto significa que el profesional estará el fin de semana trabajando.

Servicios editoriales profesionales: más servicios es igual a más tiempo

 

Por tanto, cuando encargues un servicio editorial ten en cuenta estos aspectos.

El conjunto de ellos colaborará en que obtengas lo que deseas sin sorpresas y pagando por un servicio de calidad.

    19 comentarios

  1. Mariana: como siempre muy esclarecedores tus artículos y sus conclusiones.
    Además de las descripciones precisas de cada etapa de este trabajo, hay una pregunta que me parece muy pertinente: “¿Durante cuánto tiempo se pueden ofrecer servicios que no pagan cuentas?”. Y cuando pienso en la respuesta, pienso en esas personas que llegan a buscar un servicio y no logran comprender todo el trabajo que demanda una publicación de calidad. Y que, claro, cuanto más servicios se solicitan, mayor será el precio que deban abonar por ese trabajo. Muchos no lo entienden, aunque parezca una verdad de Perogrullo.

    Excelente tu entrada, me gustó mucho. Gracias por compartirla.

    Federico Riveiro

    28 noviembre, 2018

    • En realidad, lo que planteo en esta entrada vale para cualquier servicio, sea editorial o no. Solo hay que pensar, por ejemplo, si quieres hacer arreglos en tu casa: si se trata de pintar paredes no es lo mismo que pintar las paredes, cambiar los suelos y redecorar.

      Creo que a veces lo olvidamos y otras veces no somos conscientes; de allí el origen de esta entrada.

      Gracias por tu comentario y por leerme, Federico. Y me alegro de que te haya gustado.

      Mariana Eguaras

      28 noviembre, 2018

  2. Excelente tus explicaciones, Mariana. Cuando alguien me pide que le de el precio por editar un libro, incluyéndolo todo, lo primero que le digo es que para darle un precio tengo que ver el material y revisar una cantidad de páginas consecuentes con la extensión total, revisión que hago de forma aleatoria.
    Nadie tiene idea del trabajo que hay que hacer, Además todos los casos no son iguales. No puedo ponerle el mismo precio a dos novelas de extensiones similares, porque depende de lo que haya que corregir. Ya eso he logrado que se entienda.
    Con las cubiertas, si quieren un buen diseño, creativo, no es lo mismo que una plantilla predeterminada en la que lo que se hace es lo elemental, subir la imagen y adecuar el contenido de los textos. Esta es la parte que menos entienden los autores.
    No sé si es correcto pero les demuestro la diferencia entre una forma de trabajo y la otra.
    Por supuesto que tampoco acepto trabajos que conlleven herramientas o programas que no domino. Los remito a otros especialistas.
    Gracias
    Saludos

    Dolores Triana

    29 noviembre, 2018

    • Por eso creo que estas entradas son necesarias, Dolores. No solo porque reivindican el trabajo que hacemos, sino también porque ayudan a que se conozca cómo lo hacemos y así el (posible)cliente sabe más a ciencia cierta todo lo que hay detrás de editar un libro o de “hacer un libro” (como digo yo, de manera genérica).

      Gracias por pasarte por aquí y comentar. Saludos.

      Mariana Eguaras

      29 noviembre, 2018

  3. En el mundo editorial y de los escritores, es increíble la cantidad de intrusismo que existe en todo tipo de servicios. Muy buen artículo. Gracias.

    Luis Manuel Zorrilla

    29 noviembre, 2018

    • Al intrusismo hay que tomarlo con pinzas… Conozco excelentes correctores y editores que han estudiado carreras de ciencias y personas que han hecho un máster en edición que aún no saben muy bien cómo se hace un libro. Por otro lado, la gran mayoría de los escritores tiene otra profesión u oficio y no viven de escribir o trabajar con textos (¿esto no sería también intrusismo? 😉 ). Por tanto, considero que el tema que planteo en el artículo no es una cuestión de intrusismo, sino de competencias y habilidades. Y esto combinado con el tiempo y una remuneración justa por el trabajo. Al menos así lo veo yo.

      Muchas gracias por pasarte por aquí y comentar, Luis. Saludos.

      Mariana Eguaras

      29 noviembre, 2018

  4. Me parece un artículo sólido, muy bien explicado y razonado y que comparto por completo. Muchas gracias por la información. Un abrazo.

    ADELA CASTAÑON

    1 diciembre, 2018

  5. Después de 25 años como ¿freelance? ¡que narices!, trabajador autónomo, puedo decir que desde hace una década no tengo tarifas, trabajo con presupuetos cerrados, qué significa, que los precios están por los suelos «en la nube está google» y que implica, que si no trabajas no cubres gastos, si no cubres gastos, te endeudas, si te endeudas, te arruinas, si te… en definitiva, si no aceptas no comes.
    Desde mi punto de vista esa es la única razón por la cual hay profesionales que aceptamos trabajos a bajo coste, y el verdadero profesional, vocacional y amante de los libros, no hace un trabajo mediocre basándose solo en el precio, ya lo decía Machado: «de necios es hablar de precios». Solamente, la suerte de tener un encargo ya es motivo suficiente para desplegar toda la fuerza creativa y emocional que conlleva un nuevo proyecto, y quien entienda lo que digo sabrá de lo que hablo.
    Por cierto, yo también fui intruso hace 25 años cuando di mis primeros pasos en esta bendita profesión y escuchaba a los linotipistas, maquinistas y operarios de chivalete que el futuro era negro, esa es la paradoja, cuando empiezas a ver negro es porque las cosas están cambiando de color y vienen empujando con más tonalidades.
    Espero tener salud, inquietud y curiosidad suficiente para seguir esta marcha frenética de cambios, de momento seguimos en el tren, el tiempo dirá cuando nos apeamos.

    Muchas gracias por tus aportes que sigo con interés.
    Sigue así.
    Un abrazo.

    Juan Pablo

    1 diciembre, 2018

    • Hola, Juan Pablo:

      Mencionas que “el verdadero profesional, vocacional y amante de los libros, no hace un trabajo mediocre basándose solo en el precio”. Disiento contigo en este aspecto porque hay distintos tipos de trabajo y de intervención. Por ejemplo, si se contrata una maquetación no se puede a hacer diseño por el mismo precio, o edición del libro, ya que son dos trabajos diferentes que insumen diferente nivel de intervención y dedicación. Que se le diga al cliente que revise tal o cual cosa es una cuestión, pero asumir más trabajo por amor a los libros o por vocación yo no lo hago en absoluto. Si lo hiciera no pagaría a mis proveedores, ni podría comer, vestirme, etc.

      Yo también trabajo con presupuestos cerrados: hago una estimación precia del trabajo y especifico qué encierran esas tarifas, por lo mismo que expongo en el párrafo anterior: un servicio no incluye tácitamente a otro.

      Ahora, dicho o dicho, entiendo cuál es tu postura, yo he picado —y sigo picando— piedra porque por milagro nada cae del cielo. 😉

      Un abrazo y ánimos.

      Mariana Eguaras

      3 diciembre, 2018

  6. Escribir un libro me parece casi una heroicidad. Conozco a gente que se dedica a ello a base de robar tiempo al tiempo: por la noche cuando la familia duerme y después de una jornada laboral, fines de semana, etc. Si se ha hecho ese esfuerzo publicarlo bien debería ser una condición sine qua non. La única explicación que puedo dar a esas resistencias es que la gente no sabe todo el esfuerzo que hay detrás de un buen servicio editorial. Por eso son tan importantes tus post tan didácticos.

    Rosa

    3 diciembre, 2018

    • Eso mismo creo yo: con el currazo que es escribir es una pena estropear la presentación de un libro. Besos, amiga.

      Mariana Eguaras

      3 diciembre, 2018

  7. No puedo estar más de acuerdo contigo.

    Pero yo me refería al «ya que…»

    Cuando te encargan la fase de un proceso, a saber, te dan una maqueta y un manuscrito, y ¡hale! a volcar, pero… ya que estás, modifica un poco el diseño que es una maqueta antigua, pon lo de arriba abajo y lo de abajo arriba, abre un poco los ladillos y haber qué tal queda esta otra tipografía; ya que estás, incluye estas pocas gráficas; ya que estás, da un poco de diseño a las pocas tablas; ya que… etc. llegado el momento frenas y pides revisión de precio y ahí tocas fondo o tocas chica, como dicen, la respuesta es clara: si te cuesta mucho trabajo, no lo hagas déjalo como está; pero llegados a este punto el trabajo tooma un giro que a veces es poco rentable.

    Hubo un tiempo en que se pedía presupuesto por hacer los trabajos, hoy en día, se dice tengo este presupuesto si te interesa bien, sino te tacho de la lista y llamo a otro…

    Así son las cosas.

    Un abrazo.
    buen día.

    Juan Pablo

    3 diciembre, 2018

    • Lo que dices depende mucho de para qué cliente sea, y te digo por qué: una vez perdí el tiempo —sí, al final lo perdí, y doblemente— en mejorar una maqueta que tenía interesantes deficiencias a pesar de que solo tenía que maquetar. ¿Sabes qué pasó? Que el cliente me dijo que no era eso lo que me había encargado, que me limitara a lo que me pidió hacer y deshiciera las mejoras que yo había hecho para que la maqueta quedara tal cual me la dio, pero con el material nuevo. Total, que aprendí que:
      1. Hay clientes que por más que le des orquídeas solo quieres margaritas, y otros con cualquier flor se conforman. 😉
      2. Es mejor dejar bien claro de antemano qué incluye y qué no cada trabajo/servicio, y para qué fecha.
      3. Que es mejor hacer un documento con las mejoras que pueden aportarse al trabajo y dárselo al cliente que hacerlo directamente.

      A veces pregunto yo a los clientes —para ahorrarme el tener que elaborar presupuestos— con qué dinero cuentan para editar su libro (editar en sentido amplio). Hay clientes que dicen que es muy caro, pero a la hora de pedir presupuesto piden por 6-7 servicios y luego te dicen que no están dispuestos a gastas más que 200 euros.

      Y, sí, algunos posibles clientes te dicen “tengo este presupuesto y necesito el trabajo para tal día” y ahí hay que apechugar: o coges el trabajo y aprietas tiempos o lo rechazas y te quedas sin él.

      Un abrazo.

      Mariana Eguaras

      3 diciembre, 2018

  8. Sabias palabras que nacen de la experiencia, por tanto, nada que replicar, solo aceptar y asentir.

    Pero, con el debido respeto, no es lo mismo, mejorar un trabajo por voluntad propia que, una vez acordado el trabajo realizar las mejoras que te propone el cliente, poque: en el primer caso, eres tu voluntariamente quien ve posibilidades de mejora donde el cliente no te las ha pedido, por tanto, es una cuestión de gustos; y en el segundo, ¡ya que…! está aceptado el trabajo el cliente ve posibilidades de cambio.

    La diferencia es considerable, aunque en ambos casos te la juegues.

    El trabajo de edición, desde el punto de vista externo, es un mundo muy complejo, en el que caben tantas experiencias y comentarios como usuarios y profesionales hay.

    Es agradable exponer nuestras experiencias, somos los amanuenses del siglo XXI.

    Un placer.

    Juan pablo

    3 diciembre, 2018

  9. Hola Mariana,
    Siempre interesantes las entradas del blog.

    Cuando algún escritor me trae un libro le pregunto hasta dónde quiere que intervenga.

    A todos les pongo la condición de la ortografía y la gramática, hasta ahora ninguno se ha negado. Esta condición es porque vivo en Miami, lo comenté en otro post con Mariana, y por la mezcla con el inglés muchos no las dominan y resulta fatal el texto.

    Los menos son más reacios a mejorar la redacción y a la corrección de estilo. Asunto de ellos y no intervengo, aunque les aclaro si algo no se entiende.

    En cuanto a diseño y maquetación la mayoría no tienen ni idea de lo que es. Todos,absolutamente, aceptan que se haga el trabajo como les propongo, tienen pocos criterios, si es que tienen alguno.

    Saludos.

    Dolores Triana

    3 diciembre, 2018

    • Hola, Dolores:

      Cuando el cliente no proviene del sector y no está acostumbrado a los palabros de la industria hay que explicarle varias cosas, de ahí varias entradas de mi blog nacieran con este fin.

      Por otro lado, he aprendido a relativizar —entre otros motivos, porque el trabajo es trabajo y no está para andar rechazándolo—: si el cliente quiere que le maquete el libro y el texto está mal escrito le sugiero correcciones, pero si me dice que no le interesa y solo quiere que “se lo deje listo para Amazon”, pues maqueto y listo.

      Gracias por comentar. Saludos.

      Mariana Eguaras

      4 diciembre, 2018

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