¿A qué llamamos profesionales de la edición? ¿Qué oficios o profesiones podemos englobar en esta denominación?

Hace unos meses hice una encuesta entre los suscriptores y seguidores del blog. Una de las sugerencias que recibí fue la de detallar quiénes pueden ser profesionales de la edición; qué disciplinas, profesiones o perfiles pueden trabajar en el mundo editorial.

Lo anterior se suma a la pregunta recurrente de los jóvenes que me escriben, que quieren saber qué pueden estudiar para trabajar en el sector editorial. Y lo que finalmente me impulsó a escribir este texto ahora fueron dos artículos recientes, que comento al final.

En el ámbito del libro tener un determinado título universitario no te habilita para ejercer en un determinado perfil. En este mundo hay mucho de oficio, de experiencia. Las carreras universitarias en edición son recientes y hay muy pocas.

Con seguridad, una carrera afín te dará más herramientas con las que trabajar, pero no habilita automáticamente para ser un profesional de la edición.

Los productos editoriales son muy variados y en ellos tienen cabida disciplinas tan dispares como, por ejemplo, las matemáticas y la filología. El editor de una novela tiene unas competencias bien diferentes a las del que hace edición divulgativa, más aún a las del editor científico.

Así y todo, nada impide que haya excelentes editores literarios que han estudiado Ciencias o Económicas. O filólogos y periodistas que se han especializado en edición de libros científicos y confección de manuales de maquinaria pesada.

¿Y autores? Hay cientos de autores de las más variadas profesiones, oficios y formaciones trabajando en el mundo del libro.

Por tanto, cualquier persona puede trabajar en la industria editorial. La formación continua y la experiencia harán que seas un buen profesional de la edición. Y, por ello, en esta entrada me centro en los perfiles editoriales.

Quiénes son los profesionales de la edición

Antes que nada, comento que me limito a hablar de edición en cuanto edición de publicaciones. La aclaración se debe a que son muchos y diversos los materiales que se pueden editar, como las canciones, las series y las películas, entre otras obras.

¿A quién llamamos profesional de la edición en el ámbito de la producción de publicaciones?

La Asociación Mexicana de Profesionales de la Edición (PEAC) lo define así:

“Un profesional de la edición es quien desempeña algún trabajo relacionado con el proceso de producción editorial en medios impresos y electrónicos”.

Perfiles editoriales básicos

Profesionales de la edición: editor seniorConsiderando la definición anterior, los profesionales de la edición son muchos y diversos. Los oficios o profesiones que primero nos vienen a la mente son estos:

Autores
Traductores
Editores
Correctores
Diseñadores
Maquetadores

Es decir, aquellos perfiles que son necesarios para producir un libro con un mínimo de calidad editorial. La figura del traductor es necesaria en tanto la obra haya sido escrita en un idioma diferente al de publicación.

En cualquier proceso editorial el mínimo de perfiles profesionales que deben intervenir son los mencionados.

Se trate de un libro sencillo, con texto corrido, de ficción o no ficción, y del género que sea, estos perfiles deben participar en su producción.

Nótese que he mencionado perfiles y no personas. Esto se debe a que la mayoría de las veces no se puede cubrir un perfil con diferentes personas. Bien porque el proyecto tiene características que pueden ser asumidas por un mismo profesional o porque el presupuesto para producción es limitado.

Por ejemplo, para las cubiertas de estas libretas se utilizaron imágenes de dominio público porque no se contaba con presupuesto para encargar ilustraciones botánicas. En tanto, para Vívete, se contrató a una ilustradora para las ilustraciones de la cubierta y del interior del libro.

En un libro de factura sencilla es habitual que dos perfiles sean cubiertos por un mismo entendido. Por ejemplo, que el editor “publicador” sea la misma persona que hace el editing de los libros; o que las tareas de diseño y maquetación sean ejecutadas por la misma persona.

Perfiles necesarios en la producción de libros complejos

Diferente es cuando hablamos de profesionales de la edición en relación con libros complejos. En este caso, el universo de perfiles, oficios y profesiones se amplía considerablemente.

Me refiero a los libros que se hacen por encargo o de proyecto editorial, como los llama Patricia Piccolini en De la idea al libro.

Es decir, publicaciones como diccionarios, manuales y libros técnicos, científicos, prácticos, de referencia, de texto, ilustrados, etc.

Directores: de contenido, de colección, artístico.

Comité editorial: formado por un director, editores, coeditores, revisores, colaboradores, etc.

Abogados: para la gestión de derechos y contratos editoriales, algunos de los cuales son agentes editoriales.

Autores: que pueden también ser escritores o solo entendidos en una materia (antropólogos, economistas, psicólogos, etc.); además, pueden cumplir la función de documentadores, scouts, lectores profesionales, asesores, etc.

Fotógrafos y retocadores fotográficos para la edición de imágenes.

Ilustradores y dibujantes (autores gráficos): que elaboran representaciones visuales de ideas, conceptos, personas, personajes, situaciones, etc. Algunos de ellos especializados en:

    • Historietas (historietistas)
    • Humor (humoristas gráficos)
    • Infografías (infografistas)
    • Creaciones 3D (renderistas, artistas CGI)
    • Naturaleza (ilustradores naturalistas, botánicos, científicos)

Cartógrafos: que diseñan y preparan mapas, planos, globos terráqueos, planetas, etc.

Traductores: literaria, técnica, científica, especializados en una disciplina.

Editores: de colección, especializados, técnicos, digitales, de textos, de imagen, de cierre de colección, de cierre de publicación.

Coordinadores: de colección, de proyecto o de equipos, de autores.

Correctores: de estilo, de ortotipografía, de pruebas; especializados en una disciplina o materia.

Diseñadores: de colección, de libros, especializados en diseño editorial o no; de cubiertas (portadista).

Maquetadores: que ejecutan la puesta en página de los contenidos, hacen pruebas en PDF, introducen correcciones, etc.

Comunicadores: que se encargan del marketing y la promoción, redactar notas y artículos, de llevar las redes de autores, del copywriting y un largo etcétera.

Con seguridad se me pasa por alto algún perfil; por favor, menciónalo en los comentarios para que pueda agregarlo a esta lista.

Profesionales de la edición: reunión de colaboradores

Casuísticas y ejemplos

Independientemente del nombre que se les asigne dentro del flujo editorial, los perfiles mencionados participan en la producción editorial.

Por ejemplo, un corrector, además de hacer la corrección de estilo y la ortotipográfica, puede:

  • especializarse en la elaboración de índices;
  • hacer solo revisión de pruebas finales;
  • controlar las correcciones efectuadas por otro corrector;
  • dedicarse a cotejar traducciones.

Por otro lado, los libros de texto se hacen por materia, por lo que se necesitan profesionales especializados en cada disciplina. Desde este punto de vista, cualquier profesión o especialidad es susceptible de trabajar en el sector de las publicaciones.

Para producir la novela La sastrería de la Rambla, de José Ramón Farré Muntaner, participamos tres personas. El autor, un editor literario y corrector y yo cubrimos los perfiles básicos.

El autor junto al editor-corrector trabajaron el texto del libro durante varios meses. Cuando el contenido llegó a mí maqueté el interior, para impresión y para digital. Además, diseñé el exterior porque lo que el autor quería estaba bien definido y me animé con ello.

Colección de libros de arqueología de RBA - National GeographicEn la colección de arqueología de RBA-National Geographic en la que participé éramos un autor de los textos, un ilustrador 2D y otro 3D y un cartógrafo. Los fotógrafos eran varios porque las imágenes eran compradas a diferentes bancos de imágenes o de dominio público.

El diseño, desarrollado para todos los libros de la colección, se hizo considerando diferentes casuísticas de presentación de la información. Contribuían un diseñador gráfico de todo el proyecto y un diseñador de cubiertas.

También intervenía un retocador fotográfico, un corrector y un maquetador, además de un editor (yo) del libro y un coordinador y director de equipo. A esto se sumaba el comité RBA-National Geographic.

Producir un libro no es solo imprimirlo

Mientras leía este artículo ¿Debe subir el precio de los libros impresos? me iba preguntando “¿y los profesionales de la edición?”.

El artículo plantea que, debido al aumento de los costes de las materias primas para fabricar libros y el transporte de los libros impresos estos deberían subir de precio, aunque sea unos pocos céntimos.

Estoy de acuerdo con esto considerando que, si todo aumenta, los libros también deberían hacerlo. Y, como señala el artículo, si el PVP se incrementa en unos céntimos no nos enteraremos o lo podremos asumir.

Lo que me asombra del artículo es la nula referencia a los profesionales de la edición. De quienes, por cierto, los impresores, distribuidores y libreros dependen. Si no hay libros, estos no se imprimen, no se almacenan, ni se distribuyen ni venden.

Entonces, ¿en qué lugar quedamos los profesionales de la edición? ¿Se olvidaron de que existimos y que somos quienes hacemos los libros?

La mayoría de quienes trabajamos en el mundo de las publicaciones somos autónomos o empresas de servicios editoriales. Muy pocos profesionales quedan en plantilla de la editorial, como sí era en el siglo pasado.

Por tanto, debemos negociar las tarifas de los servicios editoriales que ofrecemos; unas tarifas que nos permitan ejecutar el trabajo que el cliente demanda en un tiempo acorde a tal exigencia.

Es conocido por todos —al menos los del gremio— las tarifas “a la baja” que suelen pagar algunas editoriales. A esto debe sumarse los plazos de pago (que pueden llegar a 120 días) y a que a veces hay que recordarles el vencimiento de las facturas.

Si, como señala el artículo, los distribuidores y los libreros no están dispuestos a ceder ni un punto en sus descuentos, ¿quién lo hará?

¿Quién asumirá el coste de las materias primas de los libros? ¿La editorial? ¿Los profesionales de la edición que contraten para ejecutar los servicios necesarios?

Si los agentes de la cadena de suministro del libro no resignan un porcentaje tendrá que hacerlo la cadena de valor, cada vez más desvalorizada.

En 2013 publiqué la entrada Reparto de porcentajes en la edición de un libro impreso. Lo que ha cambiado en diez años es que los porcentajes que del PVP de un libro impreso le corresponde a la cadena de valor han bajado. Es decir, los correspondientes a los profesionales de la edición. De este modo, vemos que:

  • del tradicional 10 % que recibía el autor por anticipo de derechos de autor, en muchos casos ha descendido al 7 % u 8 %;
  • dentro del 30 % de la editorial el 10/15 % se destina a la impresión (en función de los materiales que se elijan para fabricar los ejemplares);
  • el 60 % sigue es para la distribución, el almacenaje y los puntos de venta.

Si esta manera de repartir es insostenible tanto para la cadena de valor como para la de suministro, tal vez se deba a que el sistema es anómalo.

Si encontramos libros de editoriales tradicionales con poco cuidado editorial en la actualidad, y se sigue menguando y menoscabando a la cadena de valor del libro, apaga y vámonos a juntar melones…

Otro sector, misma problemática: el audiovisual

Profesionales de la edición: traductora-correctoraEn realidad, no es otro sector desde el punto de vista de los contenidos, aunque sí lo es desde la perspectiva de la producción. Me refiero al ámbito audiovisual y, específicamente, al de las series y las plataformas de streaming.

Sin conocer el medio, me aventuro a decir que para producir una serie se necesitan, al menos, autores, guionistas, traductores y tampoco vendría mal que hubiera correctores. Además, las series cada vez requieren expertos en determinadas cuestiones y algunas veces estos también son autores de libros.

En definitiva y para resumir, algunos de los profesionales de la edición también pueden trabajar en la industria audiovisual.

Lamentablemente, en esta industria parece suceder algo similar a lo que pasa en la editorial. Al menos así se expone en Traductores en la era ‘streaming’, precarios al servicio de un negocio multimillonario.

A pesar de la explosión de las series, quienes hacen las traducciones y los subtítulos de estas trabajan en condiciones laborales indignas; con ritmos frenéticos, tarifas irrisorias y jornadas extensas.

En el artículo, la traductora Paula Mariani comenta que se trabajan “muchas horas, con muy poca seguridad y unas tarifas que apenas han subido en casi veinte años”.

Añade que “el trabajo se ha vuelto más complicado. Cada vez dominamos más herramientas, como traducir metadatos o listas de palabras clave, y no hay una retribución que vaya pareja”.

Lo mismo que sucede con los proveedores de servicios editoriales: se piden más tareas por igual y hasta menor tarifa; a veces con plazos de entrega irreales y con una calidad demandada imposible de brindar con estas condiciones.

Claro que “en todos lados se cuecen habas”; aquí miramos por las nuestras, que son las que nos alimentan. 😉